Introito
El Introito o «entrada», que es la traducción de la palabra latina de la que procede, era originalmente un Salmo que se cantaba mientras el celebrante se dirigía al altar, procesionalmente, para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Esta costumbre se introdujo hacia el siglo V y algunos autores la atribuyen al Papa San Celestino (422-432).
Posteriormente, se dio este nombre a las primeras oraciones que el sacerdote recitaba en el inicio de la Misa.
En la actualidad, tras la señal de la Cruz con la que da comienzo la celebración eucarística, se recita el Introito que está compuesto por una antífona, un versículo de un Salmo y la doxología sencilla del Gloria.
El Introito es variable y suele ser escogido en función del tiempo litúrgico. Con una breve reflexión previa del celebrante contribuye a preparar el espíritu de los fieles al significado de la celebración.
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