Guardia Palatina de Honor
Era uno de los Cuerpos Armados Pontificios, suprimidos por San Pablo VI, en 1970. Había sido fundada por el Papa Pío IX el 14 de noviembre de 1850, unificando dos cuerpos preexistentes, la Guardia Civica Scelta y la Milicia Urbana.
En aquellos momentos, el Papa se encontraba en Gaeta, donde se había refugiado tras los graves sucesos acaecidos en Roma, en 1848. El 16 de noviembre de ese año, las turbas habían asaltado el Palacio del Quirinal, donde residía el Pontífice, y en el transcurso del motín, buena parte de la Guardia Civica había hecho causa común con los revolucionarios.
La nueva unidad llevaba el nombre de «Guardia Palatina» y los 160 hombres que la integraban se ocupaban de la custodia inmediata del Pontífice, junto a la Guardia Noble.
Nueve años después de su fundación, el Papa le concedió el uso de la bandera pontificia, con los colores amarillo y blanco, llevando en el centro las armas de Pontífice y, como remate del asta, la imagen de San Miguel. Ese mismo año, trocó su nombre por el de «Guardia Palatina de Honor».
Durante los difíciles momentos de la lucha por la supervivencia de los Estados Pontificios, llegaron a constituir dos Batallones que, tras la unidad italiana, se redujeron a uno, confinado en la Ciudad del Vaticano
Durante los 120 años de su existencia, los miembros que componían la guardia prestaban servicio en la Antecámara del Papa y le acompañaban en los principales actos protocolarios. Todos ellos eran voluntarios que, tan sólo, recibían una indemnización para el mantenimiento del uniforme que, tras diversas reformas, estaba constituido por una guerrera negra con charreteras doradas, pantalones azules de piel de castor, cinto blanco y, como tocado, un quepis negro rematado con un penacho rojo.
Al frente de la Guardia Palatina había un Comandante que tenía la categoría militar de Brigadier, auxiliado por otros tres oficiales.
Respetada cuando San Pablo VI decidió reformar la Corte Pontificia en marzo de 1968, fue eliminada, junto a los restantes cuerpos armados, mediante carta dirigida al Cardenal Secretario de Estado, Jean Villot, de 14 de septiembre de 1970.
Sus antiguos miembros constituyeron la Asociación de San Pedro y San Pablo que, durante algunos años, ha mantenido vivo el recuerdo del Cuerpo.
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