Guardia Noble Pontificia
Este Cuerpo Armado Pontificio fue creado el 11 de mayo de 1801 por el Papa Pío VII, mediante la fusión de dos cuerpos preexistentes: La Guardia de los Caballos Ligeros, también llamados «caballeros fieles» y el Cuerpo delle Lance Espezzate, el Cuerpo de las Lanzas Partidas.
Estaba integrada por miembros de la familias nobles de los Estados Pontificios, aunque tras la firma de los Pactos Lateranenses pudieron ingresar en ella jóvenes de toda Italia e, incluso, de otros países, dándose la circunstancia de que el último Guardia Noble admitido en el Cuerpo fue un español. Para ingresar, además de su condición noble y sus virtudes morales, debían superar un examen físico y otro de cultura general, junto con un perfecto dominio de la lengua francesa.
En 1815, un joven de 23 años, llamado Giovanni Maria Conte Mastai-Ferreti, solicitó el ingreso en la Guardia Noble, pero fue rechazado en el examen médico por padecer esporádicos ataques epilépticos. El médico encargado del reconocimiento no podía sospechar, en aquellos momentos, que el 16 de junio de 1846 aquel muchacho sería elegido Papa y gobernaría la Iglesia durante 32 años, con el nombre de Pío IX, y que, el 3 de septiembre de 2000, sería beatificado por San Juan Pablo II.
Por un privilegio especial del Papa Inocencio VIII, los Guardias Nobles no prestaban juramento, ya que su fidelidad no era cuestionada por nadie.
El Cuerpo estaba integrado por unos 100 hombres, bajo el mando de un Capitán General Comandante, con un Coronel Ayudante. Había dos Brigadieres Generales que estaban al frente de la Brigada de Servicio y de la Brigada de Honor.
El uniforme estaba constituido por una casaca roja, bordada en oro, pantalones blancos y botas altas negras. En el uniforme de diario la casaca era de color azul marino con vivos rojos y pantalón azul. En ambos casos se cubrían con yelmo que en el de gala se adornaba con penacho y crinera blancos. El arma habitual era el sable.
La Guardia Noble tenía una bandera cuadra blanca con las armas del Pontífice reinante y uno de sus miembros era el gonfaloniero de la Santa Sede.
Prestaban servicio en la Antecámara Pontificia y su oficial era el jefe de todos los cuerpos de servicio en la misma, incluidos los gentilhombres, usando como distintivo un pequeño bastón. Durante la II Guerra Mundial, la Guardia Noble se mantuvo permanentemente en los apartamentos pontificios, sustituyendo sus sables por pistolas automáticas.
Cuando el Papa San Pablo VI, en virtud del Motu Proprio Pontificalis Domus de 28 de marzo de 1968, decidió reformar la antigua Corte Pontificia, mantuvo los cuatro Cuerpos Armados existentes, con la única modificación de cambiar el nombre de Guardia Noble Pontificia por el de Guardia de Honor del Papa, al parecer más adecuado a los nuevos tiempos.
Pero la sorpresa llegó, poco después, cuando por el inusual procedimiento de una carta dirigida al Cardenal Secretario de Estado, Jean Villot, de 14 de septiembre de 1970, disolvió todos los Cuerpos Armados Pontificios, salvo la Guardia Suiza.
La noticia causó estupor entre los miembros de unos Cuerpos de tan dilatada tradición, como era el caso de la Guardia Noble. Su último Coronel Ayudante, el marqués Giulio Patrizi di Ripacandida, se dirigió al Cardenal Villot, pidiendo, como último honor, poder entregarle al Papa el estandarte de la unidad que, con tanto heroísmo, habían custodiado a lo largo de la Historia. «Eminencia, podemos ser despojados de todo, según las exigencias de los tiempos: De los privilegios, de la nobleza, del Cuerpo al que pertenecemos, de la patente militar, de las honras, pero no de nuestros sentimientos y de nuestra indefectible fidelidad al Papa y a la Iglesia».
Pablo VI no respondió a su petición y fue el Secretario de Estado quien en una breve audiencia se hizo cargo del estandarte, que entregaron los Guardias Nobles con esa sensación de tristeza que sólo pueden comprender quienes han visto desaparecer, ante la indiferencia general, los Cuerpos en los que prestaron servicio a lo largo de su vida.
Para mantener vivos el recuerdo y las tradiciones del Cuerpo, sus miembros fundaron una Asociación que tomó el nombre de Compañía de las Lanzas Partidas, aludiendo a los históricos orígenes de la Guardia Noble Pontificia.
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