Excomunión
Entre las penas que la Iglesia puede imponer a sus fieles, la más grave en, sin duda, la excomunión.
Por la excomunión, el fiel es separado del cuerpo de la Iglesia. No suprime la capacidad radical para esa unión de la que participa desde el momento del Bautismo, sino que le priva de su uso lícito.
La excomunión puede ser latae sententiae, en la que incurren ipso facto los que cometen determinados actos que, por ley, llevan anexa esta censura. Otro tipo de excomunión es la ferendae sententiae para la que es necesario incoar el correspondiente proceso y su declaración expresa.
A los clérigos, la excomunión les impide la participación activa en los actos de culto y la celebración y administración de los sacramentos o sacramentales. Tampoco pueden obtener válidamente una dignidad, oficio u otra función en la Iglesia, ni gozar de los privilegios que anteriormente les hubieran sido concedidos.
Además, tanto los clérigos como el resto de los fieles excomulgados no pueden recibir los sacramentos. En el caso de las exequias eclesiásticas no se pueden celebrar en el caso de que el fallecido fuera notoriamente apóstata, hereje o cismático, salvo que, antes de la muerte, hubieran dado alguna señal de arrepentimiento.
Los excomulgados pueden asistir a los actos de culto e, incluso, se les recomienda oír la predicación, pero no pueden tener una participación activa, hasta el punto de que si lo pretendiera debe ser expulsado o cesar la ceremonia, a no ser que exista una causa grave.
Entre las excomuniones latae sententiae, hay algunas cuya remisión queda reservada a la Sede Apostólica. Entre ellas se encuentran la profanación de la Eucaristía, la violencia ejercida contra el Romano Pontífice; la violación del sigilo sacramental; la absolución por parte de un sacerdote de la persona con la que hubiera cometido un pecado contra el sexto mandamiento; y el obispo que confiere la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que la recibe.
Incurren en excomunión latae sententiae, reservada al ordinario del lugar, los apóstatas, herejes y cismáticos. Asimismo, todos los que intervinieron directamente en un aborto y a los cómplices del mismo. También, los que grabaran con medios técnicos lo que se dice en confesión.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.