Evangelio en la Santa Misa
Hasta las reformas litúrgicas introducidas tras el Concilio Vaticano II, durante la celebración de la Santa Misa, se leían, únicamente, dos lecturas. La primera o Epístola era recitada por el celebrante en el lado derecho del altar (en aquellos momentos se oficiaba mirando hacia el retablo). La segunda, el Evangelio, se leía en el lado izquierdo. Por este motivo, se hablaba de «lado de la Epístola» y «lado del Evangelio» a la hora de describir las capillas y retablos ubicados a derecha e izquierda de la nave central, siempre desde la perspectiva de una persona situada a los pies de la iglesia, mirando hacia su cabecera.
El concilio quiso resaltar la importancia de la celebración eucarística como núcleo de la vida cristiana en el seno de la Iglesia. Se insistió en el carácter unitario de las dos partes que constituyen la Santa Misa, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística que no pueden ser consideradas de forma independiente, sino como un único acto de culto.
La proclamación del Evangelio representa el momento culminante de la Liturgia de la Palabra. Le ha precedido la Primera Lectura tomada, casi siempre, del Antiguo Testamento contemplado desde la luz de Cristo. Es una lectura profética a la que sigue una Segunda, que es una lectura apostólica, pues está tomada de las Cartas contenidas en el Nuevo Testamento, escritas por quienes, de una u otra forma, estuvieron en contacto con Jesucristo. También se utilizan para esta lectura perícopas de los Hechos de los Apóstoles, especialmente el relato de lo acaecido tras la Resurrección, que se lee en tiempo pascual.
Pero la lectura del Evangelio adquiere un carácter especial porque, en ese momento, lo que se proclama es la propia palabra del Señor, lo cual se resalta a través de una serie de signos externos.
En primer lugar, la lectura corre a cargo de un diácono o, en su defecto, de un presbítero que, de acuerdo con lo dispuesto en la Instrucción General del Misal Romano, debe ser, preferentemente, otro distinto del que preside, por tratarse de un oficio ministerial y no presidencial. No obstante, lo habitual es que, en las celebraciones eucarísticas, tenga que asumir este cometido el propio celebrante.
Si es un presbítero quien va a efectuar la proclamación, reza, previamente, la llamada oración secreta mientras reverencia el altar. Si es diácono recibe la bendición del que preside. Inmediatamente, toma en sus manos el Evangeliario, un libro litúrgico diferente al Leccionario, más rico en sus guardas y objeto de especial veneración. El diácono lo ha llevado en alto durante la procesión de entrada y, ahora, lo conduce de igual forma, acompañado de acólitos con ciriales, hasta el ambón.
Se dirige a los fieles con el saludo: «El Señor esté con vosotros» al que responde el pueblo con: «Y con tu espíritu». En las grandes celebraciones procede a incensar el libro, como expresión de respeto, y, tras hacer la señal de la Cruz sobre el Evangeliario, se persigna igual que los fieles, procediendo seguidamente a la proclamación. Al término de la misma dice: «Palabra del Señor». El pueblo que lo ha escuchado de pie, a diferencia del resto de las lecturas, responde, en señal de acatamiento, con «Gloria a Ti Señor».
Terminada la lectura, besa el libro y, tomándolo en sus manos lo lleva al que preside la celebración quien lo besa también.
El texto que se lee corresponde a un fragmento o perícopa de uno de los cuatro Evangelios Canónicos, seleccionado para cada celebración, de acuerdo con el sistema adoptado siguiendo las recomendaciones conciliares. De acuerdo con él, a lo largo de tres años, y por medio de los llamados ciclos A, B y C, los fieles pueden llegar a tener un conocimiento suficiente de las partes principales de la Sagrada Escritura.
En el caso del Evangelio, durante el ciclo A se lee el de San Mateo; en el ciclo B, se utiliza el de San Marcos, completado con el de San Juan; finalmente, en el ciclo C se utiliza el Evangelio de San Lucas. El de San Juan se ha reservado para ser leído en tiempo de Cuaresma y de Pascua, debido a sus características específicas.
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