Dolor de contrición
Es el arrepentimiento perfecto, el que se inspira en motivaciones que brotan de la fe, repudiando los pecados y faltas cometidas por amor de caridad hacia Dios. Es un pesar sobrenatural por haber ofendido a Dios. El ejemplo más claro de este tipo de arrepentimiento es el que sintió San Pedro tras haber negado a Jesucristo y, como narra el Evangelio de San Lucas, provocó que, saliendo fuera del pretorio, llorara amargamente.
Como señaló el Concilio de Trento, es un dolor del alma y una detestación del pecado, con la resolución de no volver a pecar.
El dolor de contrición perdona automáticamente los pecados veniales y mortales, aunque para estos últimos, es preciso recurrir a la confesión sacramental tan pronto como sea posible.
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