Dolores de la Virgen María
La Virgen María participó, en cierta manera, en el misterio de la Redención como Madre de Jesucristo y a través de los sufrimientos de su vida que la piedad popular sintetiza en los denominados «Siete Dolores de María».
El primero de ellos tuvo lugar durante la Presentación del Niño en el templo, cuando el anciano Simeón, le profetizó que su corazón sería traspasado por un espada, razón por la cual esa espada es uno de los atributos iconográficos de las representaciones artísticas como Dolorosa o Virgen de los Dolores. A él le siguieron las penalidades padecidas durante la huida a Egipto.
El episodio del Niño perdido en el templo que narra el Evangelio de San Lucas constituyó una nueva prueba. «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados», fue la expresión del sufrimiento de María.
Los cuatro últimos dolores están directamente relacionados con la Pasión: El encuentro con su Hijo camino del Calvario; el terrible momento de su muerte en la Cruz, en la que, según los Evangelios, estuvo presente; la recogida en sus brazos del cuerpo inerte de Cristo; y el momento de depositarlo en la tumba.
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