Dolor de atrición
Uno de los actos que el penitente debe realizar necesariamente en el Sacramento de la Penintencia es el arrepentimiento.
En ocasiones, este arrepentimiento puede ser perfecto, antes denominado «dolor de contrición», o imperfecto. En este último caso se hablaba de «dolor de atrición».
Viene motivado por el temor al castigo o a las consecuencias del pecado. Un ejemplo de este tipo de arrepentimiento sería el del hijo pródigo que vuelve a la casa del padre, como relatan los evangelios, tras haber gastado los bienes que había exigido y encontrarse en situación de extrema necesidad.
El Catecismo señala que este tipo de arrepentimiento puede ser el comienzo de una evolución interior que, culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental, ya que, por sí mismo, no alcanza el perdón de los pecados graves, aunque dispone a obtenerlo en el Sacramento de la Reconciliación.
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