Diez Mandamientos
Los diez mandamientos de la Ley de Dios tienen su origen en el Decálogo que Dios reveló a Moisés en la teofanía del monte Sinaí y que, por lo tanto, pertenecen a la revelación que el mismo Dios hace de sí mismo y de su santa voluntad, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica.
Por pertenecer a la revelación de Dios son inmutables y, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, obligan gravemente en su cumplimiento, como enseña la Iglesia, fiel a las Sagradas Escrituras.
Su formulación actual que sigue la establecida por San Agustín y no es idéntica a la expresada en el Antiguo Testamento, es la siguiente:
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos y deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
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