Dies irae
Primeras palabras de un himno latino, atribuido al franciscano Tomás de Celano (1200-1260), biógrafo de San Francisco de Asís, aunque no todos los autores admiten esa autoría. En cualquier caso, es considerado uno de los mejores poemas en latín medieval, por su singular belleza y por la forma en que plasma el día del Juicio Final.
El Concilio de Trento lo incorporó a la Misa de Requiem, en la parte fija de la misma, aunque ya se venía utilizando con anterioridad. Tras el Concilio Vaticano II, fue eliminado del Misal Romano, aunque a partir de 2007, volvió a utilizarse en las celebraciones de rito extraordinario.
Sus dos primeras estrofas son las siguientes:
Dies irae, dies illa
Día de la ira, aquel día
Solvet saeculum in favilla
en que los siglos se reduzcan a cenizas
Teste David cum Sibylla
como testigos el rey David y la Sibila.
¡Quantus tremor est futurus
¡Cuánto terror habrá en el futuro
quando iudex est venturus
cuando el juez haya de venir
cuncta stricte discussurus!
a juzgar todo estrictamente!
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