Consejos evangélicos
Son aquellas normas de perfección que como ideal de la vida cristiana propone el Evangelio. Van más allá del cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios y, a diferencia de éstos, no son de obligado cumplimiento para alcanzar la Salvación, pero contribuyen de manera muy eficaz a ese fin.
Encuentran su expresión en los votos de pobreza voluntaria, castidad y obediencia que emiten en forma solemne los que abrazan la vida consagrada.
La pobreza voluntaria consiste en renunciar a la posesión de bienes propios, pero sobre todo a desprenderse del apego a todo lo terrenal.
La castidad no sólo obliga a cumplir lo preceptuado en el sexto mandamiento, sino también a renunciar al matrimonio y a lo que es lícito dentro del mismo, para consagrarse por entero a Dios, viviendo el celibato.
La obediencia es para muchos autores el más perfecto y duro de los tres consejos, dado que implica el «negarse a sí mismo», sujetándose a la voluntad del superior, lo que implica renunciar a la propia voluntad en todo aquello que no sea contrario a la ley de Dios.
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