Congregación para el Clero
Esta congregación tiene su origen en la que, con el nombre de Sagrada Congregacion del Concilio, fue instituida por Pío IV, en 1564, para encargarse de la aplicación de las normas aprobadas por el Concilio de Trento.
Aunque fue perdiendo competencias en el transcurso de la historia, se mantuvo con ese nombre hasta 1967, cuando San Pablo VI la transformó en la Sagrada Congregación para el Clero.
Juan Pablo II, a través de la Constitución Apostólica Pastor Bones, de 1988, definió sus competencias en tres ámbitos:
El referido al clero en general y su formación permanente, con competencias sobre Capítulos Catedralicios, Consejos Pastorales, Presbiterales, parroquias, párrocos y todos los sacerdotes que ejercen el ministerio pastoral en todo el mundo.
Atiende a la formación catequética de los fieles, dando las normas oportunas para que la enseñanza de estas materias se imparta convenientemente. También, concede la aprobación necesaria a los catecismos elaborados por las Conferencias Episcopales.
En tercer lugar, es competente en todo lo referente a la conservación y administración de los bienes de la Iglesia.
Dependiendo de ella se encuentra el llamado Studio, instituido en 1919, para que los sacerdotes jóvenes adquieran práctica en el ejercicio de los asuntos eclesiásticos y en la aplicación de las leyes canónicas.
En 1973, le fue agregado el Consejo Internacional para la Catequesis y, en 1994, se creo el Instituto Sacrum ministerium para preparar a los responsables de la formación permanente del clero.
Al frente de la Congregación se encuentra un Cardenal Prefecto y edita una publicación semestral también llamada Sacrum ministerium centrada en la formación del clero.
De la Congregación para el Clero dependió originariamente la Pontificia Comisión para la Conservación del Patrimonio Artístico e Histórico, transformada más tarde en la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales con carácter independiente.
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