Confiteor
El Confiteor nombre que recibe de su primera palabra en la versión latina, o el «Yo confieso» en su traducción castellana, es la oración penitencial más utilizada.
Su origen se remonta, al menos, al siglo VIII y, desde el siglo XI, aparece al comienzo de la celebración eucarística como preparación a la misma.
Los fieles reconocen, con ella, sus pecados ante Dios y ante toda la asamblea reunida, solicitando la intercesión de la Iglesia triunfante, la Virgen y los santos, para que les sean perdonados. Petición a la que se suma el oficiante con la plegaria final.
La fórmula utilizada, tras el Concilio Vaticano II, es la siguiente:
Yo confieso ante Dios Todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen.
a los ángeles, a los santos,
y a vosotros, hermanos,
que intercerdáis por mí ante Dios
nuestro Señor.
La plegaría final del sacerdote es: «Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna».
Este acto penitencial en modo alguno sustituye al Sacramento de la Penitencia que requiere la confesión individual ante el sacerdote para obtener el perdón de los pecados.
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