Confirmación
Es uno de los siete Sacramentos de la Iglesia y, junto con el Bautismo y la Eucaristía, forma parte de los llamados «Sacramentos de la iniciación cristiana».
En sus orígenes, el Bautismo y la Confirmación se administraban simultáneamente por el obispo. Pero, ante la imposibilidad de que éste pudiera estar presente en todas las ocasiones fueron separándose.
El ministro ordinario del mismo sigue siendo el obispo en el rito latino, aunque por razones graves puede delegar en un sacerdote. Con mucha frecuencia, el Vicario Episcopal y, en ocasiones, el párroco. No obstante, en caso de peligro de muerte cualquier sacerdote está autorizado para confirmar.
El sujeto del sacramento es toda persona bautizada que no hubiera sido confirmada con anterioridad, debiendo recibirlo en estado de gracia. Se requiere que tenga uso de razón y que se haya preparado, con anterioridad, a través de una catequesis encaminada a comprender el alcance de lo que va a recibir.
La materia del mismo es el Santo Crisma, con el que el obispo unge la frente del que lo recibe, pronunciando las palabras «Accipe signaculum doni Spiritus Sancti» (Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo), aunque en las iglesias orientales la unción se realiza en diversas partes del cuerpo: ojos, nariz, oídos, labios, pecho, espalda, manos y pies.
El rito se inicia cuando el obispo extiende las manos sobre todos los que va a confirmar, invocando la efusión del Espíritu con la oración:
«Dios Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del pecado; escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito; llénales de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor».
Sigue el rito esencial de la unción, administrada individualmente, finalizando con el beso de la paz. Antiguamente, acercaba su mano a la cara del confirmado, en presencia de los padrinos que, con mucha frecuencia, solían ser el alcalde de cada localidad, con su esposa u otras personas distinguidas. En la actualidad, se aconseja que haya al menos un padrino o madrina y, a ser posible, los mismos que en el Bautismo.
La confirmación imprime carácter y, como el Bautismo y el Sacramento del Orden, sólo se puede recibir una vez.
El efecto de este Sacramento es la efusión plena del Espíritu Santo, en virtud de la cual se acrecienta la gracia bautismal, introduce en la filiación divina, aumenta los dones del Espíritu Santo, une más firmemente a Cristo y perfecciona el vínculo con la Iglesia, concediendo una fuerza especial para difundir y defender la Fe, como señala el Catecismo de la Iglesia Católica.
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