Besamanos
Era tradición que, tras la celebración de la Primera Misa, el misacantano se colocase en el presbiterio sentado en un sillón, con las palmas extendidas y que todos los asistentes pasasen a besárselas. Solían entrelazarse con una cinta blanca bordada que se conservaba como recuerdo de ese día.
El besamanos es una señal de respeto hacia determinadas personas y ha sido frecuente besar el dorso de la mano de los sacerdotes al acercarse a ellos, en la calle u otros lugares.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.