Martén I, san (5 julio 649 - 17 junio 653)
Nacido en Todi (Umbría), tierra que ha dado a la Iglesia enérgicos colaboradores, sirvió siendo diácono, como apocrisiario en Constantinopla, de modo que conocía bien las fuertes corrientes de opinión que agitaban al Imperio. De su estancia en Bizancio extrajo una fuerte oposición al monotelismo y, sobre todo, al dominio que los emperadores trataban de establecer sobre la Iglesia. No quiso esperar la confirmación antes de ser consagrado, un gesto que se interpretó en Constantinopla como desobediencia: Constante II se negó a reconocerle como legítimo. En octubre del 649 un sínodo, celebrado en Letrán, con asistencia de 105 obispos, condenó expresamente la Ekthesis y el Typo, anatematizando a Sergio, Pirro, Paulo, Ciro de Alejandría y Teodoro de Farán. Estaban presentes numerosos teólogos griegos exiliados. Al confirmar la doctrina de que en Cristo hay dos operaciones y dos voluntades libres, incontaminadas por el pecado, el sínodo prohibió nuevos debates sobre esta cuestión: la Sede Apostólica había pronunciado la última palabra. Las actas laterancnses fueron comunicadas a todas las Iglesias para que las suscribiesen y también a Constante II, acompañadas de una carta muy comedida.
El emperador percibió cuál era el fondo de la cuestión: se trataba de rechazar su derecho a decidir en cuestiones doctrinales. Nombró a Olimpios exarca de Italia y le transmitió la orden de conducir a Martín como prisionero a Constantinopla. Se trataba, desde su punto de vista, de un funcionario rebelde.
Olimpios no cumplió la orden: comprendió que el papa contaba con un fuerte apoyo y, movido por su propia ambición, se proclamó emperador ofreciendo a Martín un entendimiento pleno si le apoyaba. Pasaron así casi tres años antes de que la revuelta fuera controlada. El nuevo exarca, Teodoro Calliopas, con un fuerte ejército, se apoderó de Letrán (junio del 653) y de la persona de Martín, comunicó al clero que se trataba de un papa ilegítimo y le envió a Constantinopla en un barco, sin tener en cuenta la enfermedad que padecía. El clero romano obedeció en esta ocasión al emperador y procedió a una nueva elección.
Casi a punto de muerte por la gota y la disentería, Martín I alcanzó Constantinopla el 17 de septiembre del mismo año 654, tras una larga estancia en Naxos. Maltratado, fue sometido a juicio por alta traición (19 diciembre 654) —se le acusaba de complicidad con Olimpios— y condenado a muerte. La sentencia se conmutó por destierro a perpetuidad. Después de tres meses de prisión, en espantosas condiciones, fue enviado al Jersoneso (Crimea) en donde falleció el 16 de septiembre del 655.
En el intervalo entre el sínodo romano (31 octubre 649) y su prisión (17 junio 653), Martín I había desarrollado una gran labor: la correspondencia con Sigeberto III (634-656) revela cómo se estaba estrechando la relación con los merovingios; el apoyo a Teodoro de Tarso, nuevo arzobispo de Canterbury, ayudaría mucho a la fuerte reacción anglosajona en favor del catolicismo; las estrechas relaciones con san Amando, primer obispo de Maastricht, sirvieron para afirmar las misiones en los Países Bajos. Es el último papa que figura inscrito en la lista de los mártires. También Máximo el Confesor y sus dos principales colaboradores sufrieron el martirio.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.