Marino II (30 octubre 942 - mayo 946)
Era presbítero cardenal de San Ciríaco cuando Alberico le presentó al pueblo de Roma para que le aclamasen. En sus monedas aparece mencionado, al lado del papa, el príncipe de Roma. De este modo no había duda de quien ostentaba el poder. Esto no obsta para que en una fuente muy antigua se le describa como un efectivo pacificador y, sobre todo, un reformador de las eoslumbres de monjes y clérigos. Las pocas cartas que de él se conservan le muestran protegiendo a Balduino, abad de Montecassino, que estaba encargado al mismo tiempo de la comunidad de San Pablo Extramuros. Al comenzar el año 946 confirmó al arzobispo Federico de Maguncia en su condición de vicario para Alemania, pero ampliando sus poderes con la facultad de presidir sínodos y corregir las deficiencias en el clero secular y regular.
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