Marino I (16 diciembre 882 - 15 mayo 884)
Si fue elegido, y con mucha celeridad, este hijo de un sacerdote, nacido en Toscana, antiguo diácono y legado de Nicolás I, ahora obispo de Cerveteri, es sin duda porque se había mostrado en contra de la política de su antecesor. Con él comienza la que César Baronio llamó «edad de hierro del pontificado». Se trata, además, del primer obispo que, contraviniendo el canon 15 del Concilio de Nicea, que prohibía los traslados de una sede a otra, cambió Cerveteri por Roma. Este canon había impedido en otro tiempo nombrar a Formoso metropolitano de Bulgaria. No se registró la presencia de funcionarios imperiales en la elección, ni tampoco hubo confirmación previa a la consagración. Pero Marino se reunió con Carlos el Gordo en Nonantula, cerca de Módena (junio del 883), y le garantizó su lealtad. Acordaron entonces el perdón y rehabilitación de Formoso, que pudo regresar de su exilio en Francia y recobrar su sede de Porto. Es dudoso que se hayan tomado otras decisiones, salvo la deposición de Guido, ahora duque de Spoleto, por parte del emperador. Una noticia que pretende que Marino y Focio se excomulgaron recíprocamente es, cuando menos, dudosa. El año 884, a ruegos de Alfredo el Grande (871-899), Marino eximió de impuestos al barrio de los ingleses en Roma (schola saxonum). Guido de Spoleto, que continuaba en sus dominios, se convirtió en poderoso enemigo. Sabemos que mejoraron las relaciones con Bizancio merced a Zacarías de Anagni, amigo de Focio, que había sucedido a Anastasio en sus funciones de bibliotecario.
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