Julio III (8 febrero 1550 - 23 marzo 1555)
Personalidad y carrera eclesiástica. Juan María Ciocchi del Monte nació en Roma el 10 de septiembre de 1487. Su familia procedía de Monte San Savino, y al morir su padre en 1504, que era un famoso jurista romano, Juan María quedó bajo la custodia de su tío Antonio del Monte, auditor de la Rota y arzobispo de Siponto (Manfredonia), que se encargó de su educación y carrera. Después de los primeros estudios bajo la dirección del humanista Rafael Bradrolini, estudió derecho en Perugia y Siena. Gracias a su tío, fue designado camarero pontificio y, poco después de conseguir la púrpura cardenalicia, renunció en su favor el arzobispado de Siponto (1513), al que se añadió en 1521 el de Pavía. Adornado con una exquisita prudencia que constrastaba con sus pocos años, durante el pontificado de Clemente VII fue dos veces gobernador de Roma y figuró entre los rehenes entregados al ejército imperial durante el sueco di Roma, logrando escapar con vida y fortuna. Después fue nombrado vicelegado en Bolonia y auditor de la Cámara apostólica, y el 22 de diciembre de 1536 Paulo III le creó cardenal del título de San Vital. Representó al papa como legado y presidente del concilio en Trento (1545-1547) y en Bolonia (1547-1548), y se distinguió como brillante jurista y discreto diplomático.
A la muerte de Paulo III el cónclave se prolongó más de dos meses por las presiones francesas e imperiales. Al comienzo, el candidato con mayores perspectivas fue el cardenal inglés Pole, pero los italianos no querían saber nada de un papa extranjero, al igual que sucedió con el cardenal español Álvarez de Toledo, hermano del virrey de Nápoles. Después de violentas escenas y duros enfrentamientos verbales, los cardenales de ambos partidos coincidieron en el cardenal Del Monte, que fue elegido papa el 8 de febrero de 1550 y tomó el nombre de Julio III. El nuevo papa era un hombre alegre y aficionado a los placeres de la vida; su manera de vivir recordaba en muchos aspectos los tiempos de León X. Como éste, gustaba de la caza y el juego, y tenía muchos amigos entre los músicos y los comediantes. Pastor escribió de él: «No quiso malquistarse con nadie, gustaba de ver a su alrededor rostros satisfechos, y amaba más el brillo del poder que su misma realidad.»
Aunque se mostró contrario al nepotismo que habían practicado sus predecesores, no fue capaz de resistir la presión de sus familiares. Entre los veinte cardenales que nombró se encuentran personas de gran mérito, pero también un hijo adoptivo de su hermano Inocencio del Monte, totalmente indigno y con sólo 15 años de edad. Colmado de favores, estuvo al frente de la Secretaría de Estado y terminó en la cárcel después de una vida de crímenes y excesos.
Actividad política y religiosa. Pese a su manera de pensar, Julio III luchó por la reforma de la Iglesia y su mayor mérito fue, sin duda, el haber ordenado la reapertura del Concilio de Trento el 1 de mayo de 1551, pese a la resistencia de Francia. La composición de la asamblea episcopal se diferenciaba de la anterior en que la minoría imperial, que había continuado en Trento después de trasladarse a Bolonia, se reforzó ahora con nuevos obispos de Alemania. En las seis sesiones que se celebraron (de la 11 a la 16) se publicaron tres decretos dogmáticos relativos a los sacramentos de la eucaristía, penitencia y extremaunción, acompañados de tres decretos de reforma sobre la jurisdicción episcopal, las costumbres del clero y la colación de beneficios. En enero de 1552 llegaron legados protestantes de los Estados del Imperio, pero su exigencia de renovar la doctrina de la superioridad del concilio sobre el papa no pudo ser satisfecha. La traición del príncipe elector Mauricio de Sajonia al emperador (1552) y su huida de Innsbruck provocaron una nueva suspensión de la asamblea el 28 de abril de 1552.
El papa tuvo que hacer frente al problema de Parma, cuyo ducado fue concedido a Octavio Farnese por Julio III, de acuerdo con las capitulaciones que precedieron a su elección. Carlos V rechazó esta concesión, al considerar que Parma y Piacenza pertenecían al Imperio. Octavio pidió ayuda a Francia y en 1551 se alió con Enrique II (1548-1559), a pesar de las advertencias del papa, que le despojó del ducado y pidió la intervención del emperador. Por el armisticio de 29 de abril de 1552 el papa se retiró de la guerra, pero ésta continuó entre Francia y el Imperio hasta la firma de la tregua de Vaucelles (1556).
En un momento en que la Reforma protestante avanzaba por toda Europa, la restauración del catolicismo en Inglaterra significó un triunfo del pontificado. A la muerte de Eduardo VI (1553) subió al trono María Tudor (1553-1558), hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, que contrajo matrimonio con el príncipe Felipe de Habsburgo y, después de muchas negociaciones con la nobleza, reanudó la comunicación con Roma. La legación del cardenal inglés Reginald Pole, varias veces aplazada por la cuestión de los bienes eclesiásticos desamortizados, se realizó, y el 30 de noviembre de 1554 se levantó la excomunión.
Julio III favoreció a la Compañía de Jesús, confirmando sus privilegios y concediéndole otros más. El Colegio Germánico, creado en 1552, para la formación del clero destinado a los países protestantes, fue puesto bajo su dirección.
Aunque no en la medida que sus predecesores, Julio III también se mostró favorable a las artes: nombró director de la Biblioteca Vaticana al humanista Marcelo Cervini, defendió a Miguel Ángel de sus detractores en la obra de la basílica de San Pedro, nombró a Palestrina maestro de la capilla de San Pedro, y encargó a Vignola la construcción de una casa de campo delante de la Porta del Popolo, rodeándola de un parque con estatuas y ninfas. Hoy la Villa Giulia alberga el Museo Etrusco.
Murió Julio III en Roma el 23 de marzo de 1555 y fue sepultado en la basílica de San Pedro. Aunque los historiadores disienten a la hora de enjuiciar su actuación, no hay duda de que su obra en pro de la reforma no fue estéril, pues sirvió como buen fundamento para ulteriores planes y para la reforma definitiva que más tarde realizó el Concilio de Trento.
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