Esteban V, san (septiembre 885 - 14 septiembre 891)
La persona. Tras un paréntesis, vuelve el Líber Pontificalis a incorporar su biografía, que es la última. Cardenal presbítero de los Cuatro Santos Coronados, Esteban fue elegido por aclamación de la nobleza y el pueblo, sin presencia de los oficiales imperiales. Carlos el Gordo, a quien acuciaba el problema de su sucesión, envió a Roma a su propio canciller, Liutwardo, con el encargo de desposeer a Carlos y proceder a una elección que garantizase sus propósitos. Pero el enviado comprobó que Esteban contaba con absoluta unanimidad, y le reconoció. Se invirtieron los términos: tras haberse posesionado de Letrán, con la ayuda incluso de los imperiales, el papa pidió a Carlos que fuera a Italia, donde su presencia resultaba imprescindible para aplacar las facciones que desgarraban el territorio romano y para hacer frente a los sarracenos que, en sus razzias, llegaron a saquear Montecassino y San Vicente de Volturno. La ayuda nunca llegó: Carlos fue depuesto por sus propios vasallos y murió el J3 de enero del 888.
Búsqueda de un emperador. Había en el pontificado una firme convicción: la Iglesia necesitaba de la existencia de un emperador —ella lo había creado— como de un brazo armado que restaurara el orden y formara el frente único capaz de derrotar a los sarracenos. Pues este frente se había roto: Guido de Spoleto y Berenguer de Friul, aspirante a ceñir la corona de hierro de Italia, estaban en guerra. Esteban V comunicó a Arnulfo, rey de Alemania (887-899), aunque bastardo de Luis el Germánico, que si acudía a Roma sería coronado emperador. Pero Arnulfo declinó la invitación porque necesitaba dirigir sus esfuerzos a otros frentes. Tampoco pudo acudir el papa a Luis de Vienne, el hijo de Boson, demasiado niño, proclamado rey de Provenza (890-905). Agotadas las posibilidades carlovingias, tuvo que decidirse: Guido, lograda una victoria sobre Berenguer, reclamó para sí la corona imperial y Esteban hubo de imponérsela el 21 de febrero del 891. No tuvo dificultad en garantizar, mediante juramento, el Patrimonium; apenas coronado, comenzó a disponer de él como un bien propio. De nuevo el pontífice acudió a Arnulfo con sus lamentos. Roma estaba siendo tratada como un beneficio vasallático cualquiera.
Oriente. Otra alternativa se hallaba del lado de Bizancio: si Basilio y su hijo León VI (886-911), que le sucedió, lograban recomponer sus posesiones en el extremo sur de Italia, podían proporcionar a Roma la ayuda que ésta necesitaba frente al peligro musulmán. Por eso Esteban V se esforzó en mantener buenas relaciones, reconociendo la nueva destitución de Focio e intercambiando correspondencia con su sucesor, llamado también Esteban I. Ofreció al Imperio una muy costosa muestra de buena voluntad: fallecido Metodio (6 de abril del 885), Esteban llamó a Roma a su sucesor, prohibió el uso de la lengua eslava en la liturgia y entregó las nacientes iglesias en Moravia y Eslavonia a la custodia de los obispos alemanes. De este modo se impedía la consolidación de una Iglesia eslava en el ámbito occidental, empujándola hacia Oriente; los discípulos de Metodio se refugiaron en Bulgaria, retornando al rito bizantino.
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