María
María resume en sí, de forma ejemplar, el misterio del pueblo, el de la Iglesia y cada uno de los cristianos que, a su vez, reviven la actitud de María. Las coordinadas dentro de las cuales tenemos que considerar la vida, la función y los privilegios de la Virgen Inmaculada son tres: — en primer lugar, su inserción en el proyecto del amor de Dios; — después, la ejemplar realización en ella del misterio de la Iglesia; — finalmente, su misión de esperanza para todo hombre pecador. Los privilegios de la Virgen María son ciertamente un don singularísimo que a ella sola atañen, pero son también un espejo en el que la Iglesia encuentra realizados, de manera sublime, los valores fundamentales de toda vida cristiana. San Ambrosio sintió de manera muy fuerte la continuidad entre María y la Iglesia, entre ella y el alma cristiana. En el comentario al evangelio de Lucas escribe: Secundum carnem una mater est Christi, secundum fidem tamen omnium fructus est Christus, esto es, según la carne, una sola es la madre de Cristo, pero según la fe todos engendran a Cristo. Estos grandes valores cristianos aparecen ante nosotros en toda su plenitud cuando celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Y si nos preguntamos cuál es, en nuestra his toria personal, el valor cristiano que más responde a lo que es para María su concepción inmaculada, nos daremos cuenta en seguida de que es el bautismo. La plena victoria sobre el pecado, la pertenencia a Dios que ha distinguido toda la existencia de María, el abrazo amoroso del Padre, se realiza para nosotros, que nacemos pecadores, mediante el bautismo.
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