Hijos
El hijo que nace es un don. Al don no se le rechaza, se le acoge con gozo. Esta sencilla consideración da lugar evidentemente a una abierta condena de las prácticas que rechazan, niegan o eliminan un don tan preciado como éste. El don nunca es un derecho, y se le acepta tal y como es. De ello se desprende que ciertas maneras de hablar de «derecho al hijo», como si se tratara de algo que nos es debido a la fuerza, corren el riesgo de hacer del niño una cosa, un objeto, y de no reconocerle ya propiamente como persona y como don. Asimismo, si el hijo es un don, tenemos que aceptarlo tal y como viene, sin predeterminarlo con modalidades que no respetan el significado humano del acto creativo. Esta argumentación podría servirnos como punto de partida para ulteriores reflexiones críticas sobre las distintas operaciones de manipulación genética, en las que no queremos ahondar aquí, pero que actualmente son muy importantes para la moral familiar, social, civil y política.
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