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Si la Ley y el Templo pudieron ser ocasión de «contradicción» (cf. Lc 2:34) entre Jesús y las autoridades religiosas de Israel, la razón está en que Jesús, para la redención de los pecados -obra divina por excelencia- acepta ser verdadera piedra de escándalo para aquellas autoridades (cf. Lc 20:17-18; Sal 118:22).
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