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El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para «anunciar la Buena Nueva a los pobres» ( Lc 4:18; cf. 7, 22). Los declara bienaventurados porque de «ellos es el Reino de los cielos» ( Mt 5:3); a los «pequeños» es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes (cf. Mt 11:25). Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre (cf. Mc 2:23-26; Mt 21:18), la sed (cf. Jn 4:6-7; Jn 19:28) y la privación (cf. Lc 9:58). Aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino (cf. Mt 25:31-46).
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