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Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino: «No he venido a llamar a justos sino a pecadores» ( Mc 2:17; cf. 1
Tim 1, 15). Les invita a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos (cf. Lc 15:11-32) y la inmensa «alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta» ( Lc 15:7). La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida «para remisión de los pecados» ( Mt 26:28).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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