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«No entrar en la tentación» implica una decisión del corazón: «Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón ... Nadie puede servir a dos señores» ( Mt 6:21-24). «Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu» ( Gal 5:25). El Padre nos da la fuerza para este «dejarnos conducir» por el Espíritu Santo. «No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito» ( 1Co 10:13).
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