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Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos «deje caer» en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa «no permitas entrar en» (cf Mt 26:41), «no nos dejes sucumbir a la tentación». «Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie» ( Stg 1:13), al contrario, quiere librarnos del mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate «entre la carne y el Espíritu». Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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