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No hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino (cf Mt 18:21-22; Lc 17:3-4). Si se trata de ofensas (de «pecados» según Lc 11:4, o de «deudas» según Mt 6:12), de hecho nosotros somos siempre deudores: «Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor» ( Rm 13:8). La comunión de la Santísima Trinidad es la fuente y el criterio de verdad en toda relación (cf 1Jn 3:19-24). Se vive en la oración y sobre todo en la Eucaristía (cf Mt 5:23-24):
Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de todo el pueblo fiel (San Cipriano, Dom. orat. 23: PL 4, 535C-536A).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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