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A pesar de la Ley santa que le da y le vuelve a dar el Dios Santo (cf Lev 19:2 : «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios soy santo»), y aunque el Señor «tuvo respeto a su Nombre» y usó de paciencia, el pueblo se separó del Santo de Israel y «profanó su Nombre entre las naciones» (cf Eze 20:36). Por eso, los justos de la Antigua Alianza, los pobres que regresaron del exilio y los profetas se sintieron inflamados por la pasión por su Nombre.
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