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Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo. La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina (2
P 1,4) y de la Vida eterna (cf Jn 17:3). Con ella, el hombre entra en la gloria de Cristo (cf Rm 8:18) y en el gozo de la vida trinitaria.CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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