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Semejante bienaventuranza supera la inteligencia y las solas fuerzas humanas. Es fruto del don gratuito de Dios. Por eso la llamamos sobrenatural, así como la gracia que dispone al hombre a entrar en el gozo divino.
«Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». Ciertamente, según su grandeza y su inexpresable gloria, «nadie verá a Dios y vivirá», porque el Padre es inasequible; pero según su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia llega hasta conceder a los que lo aman el privilegio de ver a Dios... «porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (S. Ireneo, haer. 4,20,5).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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