Hechos 4
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Aún estaban hablando al pueblo, cuando se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos,
2molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de los muertos.
3Los prendieron y los encarcelaron hasta el día siguiente, pues había anochecido.
4Pero muchos de los que oyeron la palabra creyeron, y el número de los hombres llegó a unos cinco mil.
5Al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus jefes, ancianos y escribas;
6también Anás, el sumo sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y cuantos eran de la familia de los sumos sacerdotes.
7Los pusieron en medio y les preguntaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho esto?»
8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos,
9si se nos pide hoy explicación del bien hecho a un hombre enfermo y por quién ha sido curado,
10quede claro a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que este se presenta ante vosotros sano en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis, y a quien Dios resucitó de entre los muertos.
11El es la piedra que, rechazada por vosotros, los constructores, ha venido a ser piedra angular.
12Y en ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre hay bajo el cielo dado a los hombres por el que podamos salvarnos».
13Al ver la seguridad de Pedro y Juan, y comprendiendo que eran hombres sin letras ni cultura, se admiraron, pues los conocían de cuando estaban con Jesús.
14Y viendo, por otra parte, en pie junto a ellos al hombre que había sido curado, nada podían responder.
15Les mandaron salir del Sanedrín, mientras deliberaban entre ellos
16diciendo: «¿Qué haremos con estos hombres? Porque, en efecto, han hecho un milagro notorio; está a la vista de todos los moradores de Jerusalén y no podemos negarlo.
17Pero para evitar que se divulgue más entre el pueblo, les conminaremos para que no hablen a nadie más en este nombre».
18Llamándolos, les ordenaron que de ningún modo hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús.
19Pedro y Juan, sin embargo, les respondieron: «Juzgad vosotros si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros más que a Dios.
20Pues nosotros no podemos dejar de anunciar lo que hemos visto y oído.
21Entonces ellos, tras amenazarles de nuevo, los despidieron, no encontrando modo de castigarlos a causa del pueblo, pues todos glorificaban a Dios por lo sucedido.
22Pues tenía más de cuarenta años el hombre en quien se había realizado esta curación milagrosa.
23Ya en libertad, fueron a los suyos y contaron lo que habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
24Después de escucharlos, elevaron unánimes su voz a Dios y dijeron: «Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos,
25tú eres el que dijiste por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo: “¿Por qué se han amotinado las gentes y los pueblos meditaron cosas vanas?
26Se han levantado los reyes de la tierra, y los príncipes conspiraron a una contra el Señor y contra su Cristo”.
27Pues, en efecto, se aliaron en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, al que ungiste, Herodes y Poncio Pilato, junto con los gentiles y el pueblo de Israel,
28para hacer lo que tu poder y tu voluntad habían determinado que se hiciera.
29Ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos proclamar con toda seguridad tu palabra.
30Extiende tu mano para que haya curaciones, señales y prodigios en el nombre santo de tu Hijo Jesús».
31Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y anunciaban con seguridad la palabra de Dios.
32La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y nadie tenía como suya ninguna de las cosas que poseía, sino que todas las tenían en común.
33Y, con gran poder, los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y todos gozaban de gracia abundante.
34Entre ellos no había ningún necesitado, porque cuantos poseían campos o casas las vendían, traían el producto de lo vendido
35y lo ponían a los pies de los Apóstoles luego se repartía a cada uno según lo necesitara.
36Así José, llamado por los Apóstoles Bernabé, que significa hijo de la consolación, levita y chipriota de origen,
37tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los Apóstoles.