Hechos 3
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona.
2Había un hombre, cojo de nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días a la puerta del Templo, llamada Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban.
3Al ver este a Pedro y Juan cuando iban a entrar en el Templo, les pidió limosna.
4Pedro, fijándose en él, junto con Juan, dijo: «Míranos».
5El los miraba, esperando recibir algo de ellos.
6Entonces Pedro dijo: «Plata y oro no tengo, pero lo que tengo, esto te doy: en el nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
7Y tomándole de la mano derecha, lo levantó; y en el acto se fortalecieron sus pies y tobillos.
8Y de un salto se puso en pie y comenzó a andar; y entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.
9Todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios,
10reconociendo entonces que era el mismo que se sentaba a pedir limosna junto a la puerta Hermosa del Templo; y se llenaron de estupor y asombro por lo sucedido.
11Y como sujetara a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de admiración, corrió hacia ellos junto al pórtico llamado de Salomón.
12Al ver Pedro esto dijo al pueblo: «Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis fijamente, como si por nuestro propio poder o piedad hubiéramos hecho andar a este?
13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, al que vosotros entregasteis y negasteis ante Pilato, cuando este decidió soltarlo.
14Sin embargo, vosotros negasteis al Santo y Justo, y pedisteis que se os entregase un homicida,
15mientras matabais al autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
16Y por la fe en su nombre, el mismo nombre ha fortalecido a este que veis y conocéis; y la fe que por él viene le ha restablecido por completo en presencia de todos vosotros.
17Ahora bien, hermanos, sé que procedisteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes.
18Pero Dios cumplió así lo que había anunciado de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería.
19Por tanto, haced penitencia y convertíos para que sean borrados vuestros pecados,
20de modo que lleguen los tiempos de la consolación de parte del Señor y envíe al Cristo predestinado para vosotros, a Jesús,
21a quien es preciso que el cielo retenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de las que habló Dios por boca de sus santos profetas desde antiguo.
22Moisés, en efecto, dijo: “El Señor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta semejante a mí; le escucharéis en todo lo que os diga.
23Todo el que no escuche a ese profeta, será exterminado del pueblo”.
24Todos los profetas que a partir de Samuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días.
25Vosotros sois los hijos de los profetas y de la alianza que Dios estableció con vuestros padres, cuando dijo a Abraham: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”.
26Para vosotros, los primeros, resucitó Dios a su Hijo y lo envió para bendeciros, con tal de que cada uno de vosotros se aparte de sus iniquidades».