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Hechos 25

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Tres días después de llegar a la provincia, subió Festo de Cesarea a Jerusalén.

2Los sumos sacerdotes y los jefes de los judíos le presentaron acusación contra Pablo, suplicando y

3pidiéndole la gracia de que les permitiese trasladarlo a Jerusalén, mientras preparaban una emboscada para matarlo por el camino.

4Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea y que él mismo se disponía a partir pronto para allá,

5añadiendo: «Los que tengan autoridad entre vosotros, que bajen conmigo, y si este hombre es culpable, que lo acusen».

6Después de pasar con ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea, y al día siguiente se sentó en el tribunal y ordenó que le llevasen a Pablo.

7En cuanto se presentó, le rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalén, alegando muchos y graves cargos que no podían probar.

8Pablo se defendía: «Yo no he cometido delito alguno ni contra la ley de los judíos, ni contra el Templo, ni contra el Cesar».

9Pero Festo, queriendo ganarse a los judíos, preguntó a Pablo: «¿Quieres subir a Jerusalén y ser juzgado allí por mí de estas cosas?»

10Pablo respondió: «Estoy ante el tribunal del Cesar, que es donde debo ser juzgado. Yo en nada agravié a los judíos, como tú muy bien sabes.

11Si he hecho algo injusto o digno de muerte, no rehúso morir; pero si nada hay de lo que estos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. ¡Apelo al Cesar!»

12Entonces Festo, tras deliberar con el consejo, respondió: «Has apelado al Cesar; al Cesar irás».

13Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo.

14Como se detuvieron allí bastante días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciendo: «Hay aquí un hombre al que Félix dejó prisionero.

15Estando yo en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos presentaron contra él acusación pidiendo su condenación.

16Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre antes que el acusado tenga ante sí a sus acusadores y la oportunidad de defenderse de la acusación.

17Ellos vinieron aquí y, sin dilación, me senté al día siguiente en el tribunal y mandé traer al hombre.

18Los acusadores comparecieron ante él, pero no alegaban ninguno de los delitos de los que yo sospechaba;

19solo tenían contra él ciertos asuntos sobre su religión y acerca de un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive.

20Yo estaba perplejo por estas cosas y le pregunté si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí de ellas.

21Pero como Pablo interpuso apelación para que su causa se reservara a la decisión de Augusto, ordené que lo custodiasen hasta remitirlo al Cesar».

22Agripa dijo a Festo: «También yo querría oír a este hombre». Mañana —dijo— le oirás».

23Al día siguiente llegaron Agripa y Berenice con gran pompa, y entraron en la audiencia con los tribunos y los hombres principales de la ciudad. A una orden de Festo, trajeron a Pablo.

24Festo dijo: «Rey Agripa y todos los varones que os encontráis aquí con nosotros: veis aquí a este hombre, contra el cual la entera multitud de los judíos, tanto en Jerusalén como aquí, me ha interpelado gritando que no merece vivir más.

25Yo comprendí que no había hecho nada que mereciera la muerte; pero como ha apelado a Augusto, decidí enviarlo.

26No tengo nada preciso que escribir al Emperador sobre él; por eso lo he presentado ante vosotros, especialmente ante ti, rey Agripa, para que una vez concluido este interrogatorio, pueda tener algo que escribir.

27Pues me parece improcedente enviar un preso sin indicar los cargos formulados contra él».

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