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Hechos 24

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Cinco días después, el sumo sacerdote Ananías bajó con algunos ancianos y un tal Tértulo, orador, los cuales presentaron ante el gobernador acusación contra Pablo.

2Citado este, comenzó Tértulo a acusarle, diciendo: «Gracias a ti gozamos de una gran paz; muchas mejoras se deben a tu providencia para con esta nación. Nosotros lo reconocemos,

3siempre y en todo lugar, excelentísimo Félix, con la más profunda gratitud.

4Pero para no molestarte más, te ruego que nos escuches un momento, con la clemencia que te caracteriza.

5Pues hemos encontrado que este hombre es una peste que provoca altercados entre todos los judíos esparcidos por el mundo, jefe principal de la secta de los nazarenos.

6Ha intentado, además, profanar el Templo, pero lo hemos arrestado. 6b []

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8Interrógale y podrás conocer las cosas de que le acusamos».

9Los judíos confirmaron lo dicho, diciendo que las cosas eran así.

10Entonces Pablo, cuando el procurador le concedió la palabra, respondió: «Como sé que desde hace muchos años juzgas a esta nación, haré confiadamente la exposición de mi defensa.

11Tú mismo lo puedes averiguar: no hace más de doce días que he subido a Jerusalén para adorar a Dios,

12y ni en el Templo me han encontrado discutiendo con nadie ni amotinando a la gente, como tampoco en las sinagogas, ni en la ciudad.

13Ni siquiera pueden probarte las cosas de las que ahora me acusan.

14Te confieso, sin embargo, que, conforme al Camino que ellos llaman secta, sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que dice la Ley y está escrito en los Profetas;

15y tengo en Dios la esperanza, que estos también tienen, de la resurrección futura, tanto de justos como de pecadores.

16Por esto, yo también me esfuerzo por tener siempre una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres.

17Después de muchos años he venido a los de mi nación para traer limosnas y presentar ofrendas;

18haciendo esto me encontraron purificado en el Templo, no con multitudes ni con tumultos.

19Algunos judíos de Asia son los que debían presentarse ante ti y acusarme, si algo tienen contra mí;

20o si no, que digan estos mismos qué delito hallaron cuando comparecí ante el Sanedrín,

21a no ser por estas palabras que pronuncié en voz alta en medio de ellos: “Por la resurrección de los muertos soy juzgado hoy ante vosotros”».

22Félix, que sabía con exactitud lo referente al Camino, aplazó la causa diciendo: «Cuando baje el tribuno Lisias examinaré a fondo vuestro caso».

23Y ordenó al centurión que lo custodiase, que le permitiese cierta libertad y que no impidiera a ninguno de los suyos el asistirle.

24Unos días después llegó Félix con Drusila, su mujer, que era judía. Llamó a Pablo y le escuchó sobre la fe en Cristo Jesús.

25Hablando él de la justicia, la continencia y el juicio futuro, Félix le interrumpió aterrorizado: «Por ahora puedes retirarte; te llamaré cuando encuentre una ocasión propicia».

26Esperaba, además, que Pablo le daría dinero; por eso le buscaba con frecuencia y conversaba con él.

27Transcurridos dos años, Félix recibió como sucesor a Porcio Festo. Pero queriendo ganarse a los judíos, Félix dejó a Pablo en prisión.

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