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Romanos 8

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1B. La vida cristiana llevada hasta su glorificación por el espíritu (8,1-39) Cristo confiere la santidad que debía haber sido conferida por la ley de Moisés. En consecuencia, ya no pesa ahora condenación alguna sobre los incorporados a Cristo Jesús;

2porque la ley del espíritu, que es vida en Cristo Jesús, te ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3Lo que no podía llevar a cabo la ley de Moisés, porque le restaba fuerzas la vida «según la carne», lo realizó Dios así: envió a su propio Hijo sometido a una existencia semejante a la vida de pecado «según la carne»; y lo envió como sacrificio propiciatorio por el pecado. Así dictó sentencia de condenación contra el pecado que ejercía su poder en la vida «según la carne».

4De este modo la exigencia y el fin de la ley tuvieron cumplimiento en nosotros, que no vivimos la vida puramente natural «según la carne», sino la vida sobrenatural «según el espíritu».

5El cristiano debe vivir la vida «según el espíritu» o fuerza de Dios. En efecto, los que viven la vida «según la carne», ponen su corazón en las cosas «según la carne»; los que viven la vida «según el espíritu», lo ponen en las cosas «según el espíritu».

6La aspiración de la vida «según la carne» es muerte; la aspiración de la vida «según el espíritu» es vida y paz.

7Porque la aspiración de la vida «según la carne» es enemiga de Dios, y no se somete ni puede someterse a la ley de Dios.

8Y los que llevan vida puramente natural «según la carne», no pueden agradar a Dios.

9Pero vosotros ya no estáis en la vida «según la carne», sino en la vida «según el espíritu», y efectivamente el espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el espíritu de Cristo, este tal no es de Dios.

10Pero si Cristo está en vosotros, vuestro cuerpo está muerto por el pecado; mientras el espíritu es vida por la justificación.

11Dios, que resucitó a Cristo, resucitará al cristiano que tiene el espíritu de Cristo. Y si el espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por obra de su espíritu que habita en vosotros.

12Así pues, hermanos, no tenemos deuda alguna con la vida «según la carne» para vivir según sus principios.

13Si vivís según ellos, moriréis; pero si por el espíritu hacéis morir las malas pasiones del cuerpo, viviréis.

14El cristiano es hijo de Dios y coheredero de Cristo. Porque todos cuantos se dejan guiar por el espíritu de Dios, hijos son de Dios.

15Que no habéis recibido espíritu de esclavitud para recaer otra vez en el temor, sino que habéis recibido espíritu de adopción filial, por el que clamamos: ¡Abba! ¡Oh Padre!

16Este mismo espíritu se une a nosotros para testificar que somos hijos de Dios;

17y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo —si realmente padecemos con Cristo— para ser glorificados junto con él.

18Junto con la creación inanimada esperamos los cristianos nuestra salud en Cristo. Los padecimientos de esta vida presente, tengo por cierto que no son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros.

19La creación entera está en expectación suspirando por esa manifestación gloriosa de los hijos de Dios;

20porque las criaturas todas quedaron sometidas al desorden, no porque a ello tendiesen de suyo, sino por culpa del hombre que las sometió. Y abrigan la esperanza

21de quedar ellas a su vez libres de la esclavitud de la corrupción para tomar parte en la libertad que con la gloria han de recibir los hijos de Dios.

22La creación entera, como bien lo sabemos, va suspirando y gimiendo, y toda ella hasta el momento presente está como con dolores de parto.

23Y no es ella sola; también nosotros, nosotros que poseemos las primicias, esto es, el espíritu, suspiramos en nuestro interior anhelando la redención de nuestro cuerpo.

24Sólo en esperanza poseemos esta salud; porque la esperanza que ve a su alcance el objeto, no es esperanza. ¿Quién espera lo que ve a su alcance?

25Pero si esperamos lo que no vemos, lo aguardamos con anhelo y constancia.

26El espíritu de Dios aboga por los cristianos. De la misma manera, también el espíritu colabora con nosotros ayudando nuestra fragilidad, porque no sabemos lo que es pedir como conviene; y el espíritu mismo aboga por nosotros con suspiros inenarrables.

27Y aquel que escudriña los corazones, sabe cómo son los deseos del espíritu, es decir, que su intercesión en favor de los fieles es según el querer de Dios.

28Designios amorosos de Dios sobre la glorificación de los cristianos. Sabemos además que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman, de los que, por designio de Dios, son los convocados.

29Porque a quienes de antemano conoció y amó, predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito de todos los hermanos;

30y a los que predestinó, convocó también; y a los que convocó, también justificó; y a los que justificó, también glorificó.

31Himno triunfal al amor que Dios tiene a los cristianos. ¿Qué decir a todo esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?

32El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todo lo demás?

33¿Quién se atreverá a acusar a los elegidos de Dios? Siendo Dios quien justifica,

34¿quién podrá condenar? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió por nosotros? Y más, ¿el que fue resucitado? Y más aún, ¿el que está a la diestra de Dios? Y más todavía, ¿el que está intercediendo por nosotros?

35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?

36Como dice la escritura: Por tu causa nos llevan a la muerte un día y otro día. Nos tratan como a ovejas que van al matadero.

37Pero en todas estas luchas salimos totalmente vencedores gracias a aquel que nos amó.

38Estoy firmemente convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades angélicas,

39superiores o inferiores, ni ninguna otra criatura podrá arrancarnos al amor que Dios nos tiene en Cristo Jesús, Señor nuestro.

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