Romanos 7
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1El cristiano queda libre de la ley de Moisés. ¿No sabéis, hermanos —hablo a quienes conocen la ley—, que la ley obliga al hombre sólo durante el tiempo de su vida?
2Así, por ejemplo, la mujer casada está sometida por la ley al marido, mientras éste vive; pero si muere él, ella queda libre de la ley que la sometía al marido.
3Por consiguiente será tenida por adúltera si se une a otro hombre en vida del marido; pero muerto el marido, queda ella libre de la ley; y no será adúltera en el caso de unirse a otro hombre.
4Del mismo modo, hermanos, también vosotros habéis muerto a la ley por vuestra unión al cuerpo de Cristo. Así podéis pertenecer a otro, a aquel que fue resucitado de entre los muertos para que demos fruto según Dios.
5De hecho, cuando vivíamos nuestra vida de orden puramente natural, las pasiones pecaminosas, instigadas por la ley, actuaban en nuestros miembros y daban frutos de muerte;
6pero ahora hemos quedado desligados de la ley, hemos muerto a la ley que nos aprisionaba, y por ello debemos servir a Dios según el nuevo espíritu, no según la antigua letra.
7La ley, impotente para destruir el pecado, es ocasión de él. Pero, vamos a ver, ¿se sigue de esto que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Pero sin embargo yo no tuve conciencia del pecado sino por la ley; y no habría tenido conciencia de la codicia, por ejemplo, si la ley no dijese: No codiciarás.
8Y el pecado, instigado por este precepto, obró en mí toda clase de concupiscencias. Sin la ley el pecado es cosa muerta.
9Un tiempo vivía yo sin estar sometido a la ley; sobreviniendo luego el precepto, tomó vida el pecado,
10y yo incurrí en muerte; me encontré con que el precepto, que debía llevarme a la vida, me había llevado a la muerte.
11En efecto, el pecado, instigado por el precepto, me sedujo; y por él me dio la muerte.
12En resumen, quedamos en que la ley es santa y el precepto santo, y justo y bueno.
13Pero, ¿voy a sacar en conclusión que lo que era bueno llegó a ser muerte para mí? Nada de eso. Sino que el pecado, para mostrarse verdaderamente tal, sirviéndose de lo que era bueno, me causó la muerte. Así el pecado, al servirse del precepto, aumentó su malicia sobre toda medida.
14Situación dramática del hombre no justificado ante el poder del pecado. La ley, como ya lo sabemos, es de orden espiritual; pero yo me encuentro dentro del orden natural, sometido a la debilidad humana y vendido a la acción del pecado.
15No me explico lo que hago; porque no pongo por obra lo que quisiera, sino que ejecuto lo que aborrezco.
16Y aunque hago lo que no quisiera, reconozco que la ley es buena.
17Pero en este caso ya no soy yo quien lo pone por obra, sino el pecado que mora en mí.
18Ya sé que en mí, es decir, dentro de mi estado puramente natural, no habita lo bueno; porque el querer está a mi disposición; pero no lo está el ponerlo por obra.
19En efecto, no hago el bien que quisiera, sino el mal que no quisiera.
20Y si pongo por obra lo que no quisiera, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí...
21Así que compruebo esta experiencia: que aunque quisiera practicar el bien, se encuentra en mí el mal.
22Según el hombre interior me complazco en la ley de Dios;
23pero siento otra ley en mis miembros que va luchando contra la ley de mi razón, y me va encadenando a la ley del pecado que está en mis miembros.
24Conclusión. — Sólo Cristo puede liberar del pecado. ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
25¡Gracias a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro, me veré libre! Así pues, yo con mi razón sirvo a la ley de Dios, pero dentro de mi estado puramente natural sirvo a la ley del pecado.