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Romanos 9

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1C. El problema de la salud de Israel: Su incredulidad y las promesas divinas de salud (9,1-11,36) Privilegios de Israel. Digo la verdad en nombre de Cristo, no miento; y testifica conmigo mi conciencia inspirada por el Espíritu Santo:

2Tengo una gran tristeza y un suplicio continuo en mi corazón.

3¡Ojalá fuese yo mismo anatema y apartado de Cristo por la salud de mis hermanos, deudos míos y de mi propia raza!

4Son israelitas; de ellos son la adopción divina, la manifestación sensible de la presencia de Dios, las alianzas con él, la legislación de Moisés, el culto del templo y las promesas de Dios.

5De ellos son los patriarcas, y de ellos es la descendencia natural del Mesías. El que está por encima de todas las cosas, Dios, sea bendito por los siglos. Amén.

61. Proceder de Dios Dios no es infiel a las promesas hechas a Israel. Y no es que las promesas de Dios se hayan quedado sin cumplir; lo que sucede es que no todos los nacidos de Israel son el verdadero Israel;

7ni por ser descendencia de Abraham, son todos hijos de Abraham; sino que: Tu descendencia serán los hijos de Isaac.

8Que quiere decir: no los que descienden por generación natural son hijos de Dios; sino sólo los hijos habidos en virtud de la promesa divina son tenidos como verdadera descendencia.

9Así suenan las palabras de la promesa: Por este tiempo volveré y Sara tendrá un hijo.

10Y no es esto sólo. Tenemos también el caso de Rebeca, que tuvo hijos sólo de nuestro padre Isaac.

11Pues bien, estos hijos no habían nacido todavía ni habían hecho nada bueno ni malo; mas, para que continuase en vigor el decreto divino de elección,

12decreto que no depende de obras humanas sino de la voluntad de Dios que llama, dijo Dios a Rebeca: El mayor será siervo del menor.

13Y dice así la escritura: He amado a Jacob, y he odiado a Esaú.

14Dios no es injusto con Israel. ¿Qué se sigue de aquí? ¿Que hay injusticia en Dios? De ninguna manera.

15Ya dijo él a Moisés: Tendré misericordia — con aquel que yo quiera; y tendré compasión — con quien yo tenga a bien.

16Por consiguiente, no es cosa del querer o del esfuerzo humano, sino de la misericordia de Dios.

17En la escritura dice Dios al faraón: Precisamente con este objeto te he exaltado: para mostrar en ti mi poder, y para dar a conocer mi nombre en toda la tierra.

18Así que Dios tiene misericordia de quien quiere; y causa obstinación en aquel que le parece bien.

19Dios es libre y misericordioso con todos: tanto con los judíos como con los gentiles. Pero me dirás ahora: Si las cosas son así, ¿qué tiene que echarnos Dios en cara? ¿Puede alguno oponerse a su voluntad?

20¡Oh hombre! ¿Quién eres tú para pedir cuentas a Dios? ¿Puede acaso la vasija de barro decir al alfarero: Por qué me has hecho así?

21¿O es que el alfarero no tiene poder sobre el barro? ¿O no puede hacer de la misma masa una vasija o para un fin noble o para un vil menester?

22¿Qué tienes, pues, que replicar si Dios, queriendo mostrar su cólera y dar a conocer su poder, soportó con toda longanimidad a los que eran objeto de ira y estaban maduros para la perdición?

23¿Y qué, si quiso dar a conocer las riquezas de su gloria en favor de los que eran objeto de misericordia, y están destinados por él desde un principio para la gloria?

24Y éstos precisamente somos nosotros, a quienes ha convocado no sólo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles.

25Así dice en Oseas: Al pueblo que no es mío llamaré pueblo mío; y a la que no es mi amada mi amada llamaré.

26Y allí donde se dijo: «No seréis más mi pueblo», serán ellos llamados los hijos del Dios vivo.

27E Isaías grita en favor de Israel: Aunque lleguen los hijos de Israel a ser como la arena de la mar, la salud será sólo para un resto.

28Y efectuará el Señor sobre la tierra con toda prontitud su palabra de ruina universal.

29Y como profetizó Isaías: Si no hubiera dejado de nosotros el Señor de las huestes un renuevo, la suerte de Sodoma habríamos corrido; como Gomorra habríamos quedado.

302. Comportamiento de Israel Los judíos buscaron por mal camino la justificación divina. ¿Qué se sigue de todo esto? Que los gentiles, que no andaban tras la justificación, alcanzaron la justificación, la que proviene de la fe;

31mientras que los israelitas, que corrían tras una ley orientada a la justificación, no llegaron al fin de ley.

32Y, ¿por qué? Porque quisieron alcanzarla no por el camino de la fe, sino por el de las obras de la ley, como si ello fuera posible. Tropezaron en la piedra de escándalo,

33según frase de la escritura: Mirad, voy a poner una piedra de escándalo en Sión, y allí tropezarán. Quien en él tenga fe no será confundido.

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