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Mateo 27

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Jesús conducido ante el procurador Pilato. Llegada la mañana, todos los jefes de los sacerdotes y los notables del pueblo fijaron sus planes para hacer morir a Jesús.

2Y, m aniatado, lo sacaron para entregarlo en manos del procurador Pilato. Fin desastroso de Judas.

3Viendo entonces Judas, el que le entregó, que Jesús estaba sentenciado a muerte, fue presa del remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los notables del pueblo

4con estas palabras: He pecado poniendo en vuestras manos sangre inocente. A lo que ellos contestaron: ¿A nosotros qué nos importa? ¡Allá tú!

5Y, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó y se ahorcó. Hacéldama o el campo de la sangre.

6Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas de plata y dijeron: No se pueden echar en el tesoro del templo, porque son precio de sangre.

7Y, después de tratarlo en consejo, compraron con ellas el campo del alfarero para sepultar a los peregrinos.

8Por eso aquel campo se llamó, y se llama aún hoy día, Campo de la Sangre.

9Con ello se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías, cuando dice: Y tomé las treinta monedas de plata, precio en que fue tasado aquel a quien pusieron tasa hijos de Israel;

10y las destiné para el campo del Alfarero; así me lo ordenó el Señor. Proceso de Jesús ante Pilato.

11Jesús compareció ante el procurador, quien le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Sí, respondióle Jesús, lo soy.

12Y, por más acusaciones que lanzaban contra él los jefes de los sacerdotes y los notables del pueblo, no respondía una palabra.

13Díjole entonces Pilato: ¿No oyes cuántas acusaciones lanzan contra ti?

14Pero no le respondió palabra, hasta el punto de que el procurador se quedó extrañadísimo.

15Era costumbre que, por fiestas, el procurador les concediese la libertad de un preso a elección del pueblo.

16Tenían entonces en la cárcel uno famoso, que se llamaba Barrabás.

17Y, aprovechándose de ello, se dirigió Pilato a los allí reunidos y les propuso lo siguiente: ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?

18Porque se daba muy bien cuenta de que lo habían puesto en sus manos por pura envidia.

19Y estaba él sentado en su tribunal, cuando su mujer envió a decirle: No te metas con ese hombre inocente, pues debido a él, he tenido una pesadilla tremenda esta noche.

20Los jefes de los sacerdotes y los notables del pueblo persuadieron a la gente a que reclamasen a Barrabás y pidiesen la muerte de Jesús.

21Y así, cuando el procurador les preguntó: ¿A quién de los dos queréis que os deje en libertad?, respondieron: A Barrabás.

22Repuso Pilato: ¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías? ¡Que sea crucificado!, le respondieron todos.

23Pues, ¿qué mal ha hecho? añadió él. Pero ellos gritaban cada vez más: ¡Que lo crucifiquen!

24Viendo Pilato que no conseguía nada y que el alboroto era cada vez mayor, mandó traer agua y se lavó las manos a la vista de todos, exclamando: Yo no soy responsable de la sangre de este inocente. Allá vosotros.

25Y respondió todo el pueblo: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

26Ante esto cedió Pilato, dando libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que lo crucificaran. Jesús coronado de espinas .

27Entonces los soldados del procurador condujeron a Jesús al interior del palacio, ante toda la cohorte.

28Le despojaron de sus vestiduras, le echaron encima un manto de color púrpura;

29y, entretejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza con una caña en la mano derecha; luego, doblando ante él la rodilla, le decían en son de burla: ¡Salve, rey de los judíos!

30Y escupían sobre él; y, tomando la caña, le daban golpes en la cabeza. El Cireneo y crucifixión de Jesús.

31Después que acabaron sus burlas, le despojaron del manto, le pusieron sus vestidos y lo llevaron a crucificar.

32Según salían, toparon con un hombre natural de Cirene, que se llamaba Simón; y le obligaron a llevar la cruz.

33Así llegaron al sitio llamado Gólgota, que quiere decir «lugar de la calavera».

34Y le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero, después que lo probó, no lo quiso beber.

35Así que lo crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando suertes;

36y se sentaron para hacer allí la guardia.

37Habían fijado encima de su cabeza un letrero indicando el motivo de su condenación: Este es Jesús, el rey de los judíos.

38Y con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. Escarnios al crucificado.

39Los que por allí pasaban le insultaban haciendo burla con movimientos de cabeza

40y le decían: Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate ahora a ti mismo. Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz.

41E igualmente los jefes de los sacerdotes, con los escribas y los notables del pueblo decían en son de burla:

42A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Si es el rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él.

43Ha puesto su confianza en Dios; que lo libre él ahora, si de veras lo ama; ya que nos ha dicho: Soy el Hijo de Dios.

44Hasta los ladrones que estaban crucificados con él le echaban en cara los mismos insultos. Ultimas palabras y muerte de Jesús.

45Desde el mediodía hasta las tres de la tarde se extendieron las tinieblas sobre toda la tierra.

46Hacia eso de las tres dio Jesús un grito muy fuerte: ¡Elí, Elí, lemá sabajtaní! Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

47Algunos de los presentes, al oír estas palabras, dijeron: Este está llamando a Elías.

48Y en seguida fue corriendo uno de ellos a tomar una esponja; empapóla en vinagre; y, poniéndola en la punta de una caña, se la dio a chupar.

49Los demás decían: Deja, a ver si viene Elías a salvarlo.

50Jesús, dando de nuevo un grito muy fuerte, expiró. Milagros a la muerte de Jesús.

51Al momento el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo; la tierra tembló y las rocas se hendieron;

52abriéronse los sepulcros y resucitaron los cuerpos de muchos santos que habían ya muerto.

53Estos salieron de sus sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, vinieron a la ciudad santa, apareciéndose a mucha gente.

54Entretanto el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, viendo el terremoto y las cosas que iban sucediendo, quedaron sobrecogidos de espanto y se decían: Cierto que éste era el Hijo de Dios. Las santas mujeres.

55Había allí muchas mujeres que estaban a cierta distancia observándolo todo; eran las que habían seguido a Jesús desde Galilea, atendiendo a su servicio;

56entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Sepultura de Jesús.

57Al atardecer vino un hombre rico, natural de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús;

58se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato dio luego orden de que se lo entregaran.

59Y, haciéndose cargo del cuerpo, lo envolvió José en una sábana blanca;

60y lo depositó en un sepulcro nuevo de su propiedad que había hecho excavar en la roca; hizo luego rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro y se fue.

61María Magdalena y la otra María estaban allí sentadas en frente del sepulcro. Guardia ante el sepulcro de Jesús.

62Al otro día, que era el siguiente a la Parasceve, se reunieron los jefes de los sacerdotes y los fariseos para presentarse a Pilato;

63y le dijeron: Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor, cuando aún vivía, dijo: Después de tres días resucitaré.

64Da, pues, orden de que se guarde bien el sepulcro hasta el tercer día. No sea que vengan sus discípulos a llevárselo y digan a la gente: Ha resucitado de entre los muertos; y sea la última impostura peor que la primera.

65Pilato les respondió: Llevaos una guardia; id y tomad las medidas oportunas de seguridad.

66Con esto ellos se fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando una guardia.

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