Mateo 26
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1VI. Pasión y muerte de Jesús Mesías (26,1-27,66) Preludio de la pasión. Nuevo anuncio de Jesús. Después que hubo concluido todos estos discursos, dijo Jesús a sus discípulos:
2Sabéis que la Pascua es dentro de dos días. Y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado. El sanedrín decreta la muerte de Jesús.
3Entonces se reunieron los jefes de los sacerdotes y los notables del pueblo en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás:
4y acordaron apoderarse con astucia de Jesús para darle muerte.
5Pero se decían: No tiene que ser durante la fiesta, porque se va a alborotar el pueblo. Una mujer unge a Jesús en Betania.
6Hallándose Jesús en Betania en casa de Simón, el Leproso,
7se presentó una mujer con un frasco de valiosísimo perfume, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús, que estaba recostado a la mesa.
8Cuando se dieron cuenta los discípulos, lo llevaron muy a mal y dijeron: ¿Para qué tanto derroche?
9¿No se podía haber vendido a buen precio para darlo en limosna a los pobres?
10Advirtiendo Jesús lo que ocurría, les dijo: ¿Por qué os enfadáis contra esta mujer? Ha hecho una acción buena al portarse así conmigo.
11Porque pobres, ya los tendréis siempre con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis.
12Ha derramado este perfume sobre mi cuerpo, y ello es como ungirme para mi sepultura.
13Tened por seguro que, en cualquier parte del mundo donde se predique esta buena nueva, se hablará y se guardará recuerdo de lo que ha hecho ella. La traición de Judas.
14Después de esto uno de los doce, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a entrevistarse con los jefes de los sacerdotes
15para proponerles lo siguiente: ¿Cuánto me queréis dar y yo lo pongo en vuestras manos? Y se ajustaron en treinta monedas de plata.
16Desde entonces buscaba ocasión propicia para ponerlo en sus manos. La última cena pascual de Jesús. Es descubierto el traidor.
17El primer día de los Azimos preguntaron los discípulos a Jesús: ¿Dónde quieres que hagamos los preparativos para comer la Pascua?
18Y les respondió: Id a la ciudad, a casa de tal persona, y decidle: El maestro dice: Mi hora se acerca; en tu casa quiero celebrar yo la Pascua con mis discípulos.
19Hicieron los discípulos como Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
20Llegada la tarde, se puso a la mesa con los doce discípulos;
21y durante la comida pronunció estas palabras: Os digo de veras: Uno de vosotros va a entregarme a la muerte.
22Ellos se quedaron llenos de angustia; y comenzó cada uno a preguntarle: Señor, ¿acaso soy yo?
23El que come conmigo en el mismo plato, recalcó Jesús, me va a entregar.
24El Hijo del hombre va camino de la muerte, como de él afirma la escritura; pero ¡desdichado de aquel que le va a entregar! Más le valiera no haber nacido.
25Tomando la palabra Judas, que era el que le iba a entregar, le preguntó: Maestro, ¿soy yo? Sí, le respondió Jesús, tú eres. Jesús instituye la eucaristía.
26Mientras estaban cenando, tomó Jesús un poco de pan, rezó la bendición, lo partió, y, dándolo a los discípulos, dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo.
27Y, tomando un cáliz y dando gracias a Dios, hizo que lo pasaran el uno al otro, y dijo estas palabras: Bebed de él todos;
28porque ésta es mi sangre, la de la nueva alianza, que será derramada por todos para perdón de los pecados.
29Tengo que deciros que no beberé más de este fruto de la vid hasta el día en que con vosotros lo vuelva a beber, vino nuevo, en el reino de mi Padre. Jesús predice la defección de Pedro y de los demás discípulos.
30Y, después de cantar el himno de acción de gracias, salieron hacia el monte de los Olivos.
31Entonces les dijo Jesús: Esta noche voy a ser piedra de escándalo para todos vosotros; porque ya dice la escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.
32Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.
33Replicóle Pedro: Ya pueden todos perder la fe en ti; yo jamás la perderé.
34Te advierto, le respondió Jesús, que esta misma noche, antes que el gallo cante, afirmarás por tres veces que no me conoces.
35Aunque tenga que morir contigo, recalcó Pedro, no te negaré. Y lo mismo dijeron todos los discípulos. Pasión de Jesús La oración de Jesús en Getsemaní.
36Así llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní y les dijo: Sentaos aquí mientras yo voy allá a orar.
37Y tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a entristecerse y angustiarse.
38Y exclamó: Siento en mi alma angustias de muerte; aguardad aquí y velad conmigo.
39Y, adelantándose unos pasos, cayó rostro en tierra. Y oró de esta manera: Padre mío, si es posible, que pase este cáliz sin que yo lo beba; sin embargo no se haga mi voluntad, sino la tuya.
40Y volviendo a sus discípulos, los encontró durmiendo; y dijo a Pedro: ¿Conque no habéis sido capaces de estar una hora en vela conmigo?
41Velad y orad para no caer en la tentación. Cierto que la voluntad está pronta, pero el cuerpo es débil.
42Por segunda vez se alejó y oró así: Padre mío, si no es posible que pase de mí este cáliz, sino que lo tengo que beber, hágase tu voluntad.
43Y volvió una vez más y los encontró durmiendo; tenían los ojos cargados de sueño.
44Y los dejó y se apartó de nuevo a orar por tercera vez, repitiendo la misma oración.
45Después de esto vino a los discípulos y les dijo: Dormid y descansad. Ha llegado la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
46Levantaos, vamos; ya está aquí el que me entrega. El prendimiento de Jesús.
47Aún estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él mucha gente, armada con espadas y palos, que había sido enviada por los jefes de los sacerdotes y notables del pueblo.
48El que le entregó les había dado esta contraseña: Es aquel a quien yo dé un beso; vosotros echadle mano.
49Y al momento se adelantó hacia Jesús y exclamó: Salve, maestro. Y le besó.
50¡Vaya, amigo, a lo que has venido!, le replicó Jesús. Adelantándose entonces los demás, se abalanzaron sobre él y lo sujetaron.
51Uno de los que estaban con Jesús desenvainó su espada e hirió a un criado del sumo sacerdote, cortándole una oreja.
52Díjole Jesús: Vuelve tu espada a la vaina; todo el que empuñe espada a espada morirá.
53O, ¿crees que no podría acudir a mi Padre, y ahora mismo pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
54Pero, ¿cómo se iban a cumplir las escrituras, que profetizan que tiene que ser así?
55Y seguidamente a aquel tropel de hombres les dirigió Jesús estas palabras: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba en el templo para enseñar y nunca me prendisteis.
56Pero así se cumplen las profecías de la escritura. Entonces todos los discípulos lo abandonaron, emprendiendo la huida. Jesús ante el sanedrín. Ultrajes.
57Los que habían prendido a Jesús lo condujeron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y notables del pueblo.
58Pedro le fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote; y, entrando adentro, se sentó junto a los criados para ver en qué paraba aquello.
59Los jefes de los sacerdotes y el pleno del sanedrín andaban buscando algún falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte;
60pero no lo hallaron, a pesar de haberse presentado muchos, que le acusaron falsamente.
61Al fin se presentaron dos a hacer esta declaración: Este hombre ha dicho: Tengo poder para destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días.
62Púsose entonces de pie el sumo sacerdote y le interpeló: ¿No respondes nada? ¿Qué significan las acusaciones que traen éstos contra ti?
63Pero Jesús guardaba silencio. El sumo sacerdote le conminó: Te conjuro por el Dios vivo: Dínos si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.
64Sí, le respondió Jesús, lo soy. Y además os digo: Después de esto veréis al Hijo del hombre, sentado a la diestra del Dios todopoderoso, venir sobre las nubes del cielo.
65Rasgó al momento el sumo sacerdote sus vestiduras, exclamando: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo le habéis oído blasfemar.
66¿Qué os parece? Y respondieron a una: Es reo de muerte.
67Comenzaron acto seguido a escupirle en el rostro y a golpearle y a abofetearle,
68mientras le decían: ¡A ver, Mesías, si aciertas! ¿Quién es el que te ha pegado? Negaciones de Pedro.
69Mientras tanto estaba Pedro fuera, sentado en el atrio; una criada se le acercó para decirle: Tú también andabas con Jesús el Galileo.
70Pero él lo negó en presencia de todos, exclamando: No sé nada de lo que estás diciendo.
71Y, cuando se dirigía hacia la puerta, se fijó en él otra criada, que dijo a los que allí estaban: También éste andaba con Jesús Nazareno.
72Y de nuevo lo negó, jurando que no conocía a aquel hombre.
73Después de un rato los que allí estaban se dirigieron a Pedro para decirle: No cabe duda de que tú eres de los suyos; tu mismo acento te delata.
74Y comenzó a echar maldiciones, jurando que no conocía a aquel hombre. Y al momento cantó el gallo.
75Y se acordó Pedro de cómo le había dicho Jesús: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces; y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.