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Juan 11

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Enfermedad y muerte de Lázaro en Betania. Había un enfermo, llamado Lázaro, que era vecino de Betania, patria de María y Marta, hermanas suyas.

2María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro estaba enfermo.

3Enviaron, pues, las hermanas a decirle: Señor, el que amas, está enfermo.

4Cuando se enteró Jesús exclamó: Esta enfermedad no tiene por objeto la muerte, sino la manifestación de la gloria de Dios. Ha de servir para glorificar al Hijo de Dios.

5Jesús tenía particular afecto a Marta y a su hermana y a Lázaro;

6y con todo, aunque se enteró de que estaba enfermo, se detuvo dos días en el lugar donde estaba.

7Por fin dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea.

8Maestro, le replicaron ellos, hace poco te buscaban los judíos para apedrearte, y ¿otra vez quieres ir allá?

9Jesús les respondió: ¿No son doce las horas del día? Quien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo.

10Al contrario, quien camina de noche tropieza, porque no tiene luz.

11Dicho esto, añadió: Nuestro amigo Lázaro está dormido; pero voy a ir a despertarlo.

12A lo que replicaron sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.

13Pero Jesús se había referido efectivamente a su muerte, aunque ellos pensaron que hablaba del sueño natural.

14Entonces les dijo Jesús claramente: Lázaro ha muerto.

15Pero me alegro por vosotros de no haber estado allí; así tendréis fe. Vámonos, pues, allá.

16Y entonces Tomás, conocido por el nombre de Dídimo, exclamó, dirigiéndose a sus condiscípulos: Vamos también nosotros y muramos con él.

17Conversación con Marta y María. Cuando llegó Jesús, se encontró con que ya hacía cuatro días que estaba encerrado en el sepulcro.

18Como Betania estaba cerca de Jerusalén (unos quince estadios aproximadamente),

19habían venido muchos judíos a consolar a Marta y María por la muerte de su hermano.

20Marta, pues, en cuanto oyó que Jesús venía, salió a recibirlo, mientras María se quedaba sentada en casa.

21Dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, seguramente que mi hermano no habría muerto.

22Pero ya sé que Dios te concederá todo cuanto le pidas.

23Díjole Jesús: Tu hermano resucitará.

24A lo que replicó Marta: Ya sé que resucitará en la resurrección en el último día.

25Yo soy la resurrección y la vida, exclamó Jesús. Quien a mí se una con viva fe, aunque muera, vivirá.

26Y ninguno que en esta vida se entregue por entero a mi voluntad, morirá jamás. ¿Crees tú esto?

27Señor, le respondió ella. Yo creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.

28Y dicho esto, se fue a llamar a su hermana María, y le dijo al oído: El Maestro está ahí y te llama.

29Apenas oyó estas palabras se levantó inmediatamente y se dirigió a su encuentro.

30Jesús no había entrado todavía en la aldea y se hallaba en el mismo sitio donde lo había encontrado Marta.

31Los judíos que acompañaban a María en casa para consolarla, viendo que se levantaba a toda prisa para salir, la siguieron, pensando que iba a llorar al sepulcro.

32Así que María llegó a donde estaba Jesús y lo vio, se arrojó a sus pies, diciendo: Señor, si hubieses estado aquí no habría muerto mi hermano.

33Resurrección de Lázaro. Jesús, al verla llorar y al ver también las lágrimas de los judíos que con ella habían venido, se alteró y conmovió profundamente.

34Luego preguntó: ¿Dónde lo habéis puesto? Señor, le respondieron, ven a verlo.

35Jesús se echó a llorar.

36En vista de ello decían los judíos: Mirad cuánto lo quería.

37Pero algunos añadían: Este, que devolvió la vista al ciego, ¿no podría haber hecho algo para que no muriera?

38Jesús, dando de nuevo señales del profundo pesar que embargaba su ánimo, llegó al sepulcro. Este consistía en una cueva con la entrada cubierta con una piedra.

39Quitad la piedra, mandó Jesús. Respondióle Marta, la hermana del muerto: Señor, ya hiede; que lleva cuatro días.

40¿No te he dicho, le dijo Jesús, que si crees, verás la gloria de Dios?

41Quitaron, pues, la piedra; y Jesús, levantando los ojos al cielo, exclamó: Padre, te doy gracias por haberme escuchado.

42Yo bien sé que siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado.

43Y dicho esto, profirió en voz alta estas palabras: Lázaro, sal fuera.

44Y el muerto, atado como estaba de pies y manos con fajas, y con el rostro envuelto en un sudario, salió fuera. Soltadlo, mandó entonces Jesús, y dejadle andar.

45Los judíos determinan dar muerte a Jesús. Con esto muchos judíos, que habían venido a visitar a María, viendo lo que había hecho, creyeron en él.

46Pero algunos se dirigieron a los fariseos a contarles lo que había hecho Jesús.

47Reuniéronse, pues, en consejo los jefes de los sacerdotes y los fariseos, y dijeron: ¿Qué hacemos? Este hombre está dando muchas señales.

48Si lo dejamos seguir así, terminarán por pasarse a él; y vendrán los romanos y acabarán con nuestra nación.

49Entonces uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les interpeló así: Vosotros no sabéis por dónde andáis.

50No comprendéis que os conviene que muera un solo hombre por el pueblo, y no toda la nación perezca.

51No dijo esto por propia cuenta; sino que, como sumo sacerdote que era aquel año, profetizó que Jesús moriría por la nación;

52y moriría no solamente por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios, que andaban dispersos.

53Así pues, desde aquel día determinaron matarlo. Jesús se retira a Efrén.

54Jesús se retira a Efrén. Por eso Jesús ya no se dejaba ver en público entre los judíos; se retiró a la región cercana al desierto, a la ciudad llamada Efrén; y allí pasó aquellos días en compañía de sus discípulos.

55Ante la proximidad de la Pascua Orden de arresto contra Jesús. Como se acercaba la Pascua de los judíos, muchos forasteros subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse.

56Buscaban a Jesús; y, estacionándose en el templo, se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿Si vendrá para la fiesta?

57Los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que cualquiera que supiese dónde estaba, lo denunciase a fin de hacerlo prender.

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