Juan 12
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Unción de Jesús en Betania. Seis días antes de la Pascua volvió Jesús a Betania, donde se encontraba Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
2Le prepararon allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él.
3Pero María, tomando una libra de perfume de nardo legítimo, de mucho valor, lo derramó sobre los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos. Toda la casa quedó impregnada de la fragancia del nardo.
4Judas Iscariote, uno de sus discípulos, que era el que le había de entregar, exclamó:
5¿Por qué no se ha vendido este perfume en trescientos denarios, para dar a los pobres? Esto lo dijo, no porque sintiese afecto alguno hacia los pobres, sino porque era un ladrón; como estaba encargado de la bolsa, robaba el dinero que en ella se guardaba.
7Pero Jesús intervino, diciendo: Déjala en paz. Lo tenía guardado para el día de mi sepultura.
8Porque pobres ya los tendréis siempre entre nosotros, pero a mí no siempre me tendréis.
9Entretanto una gran muchedumbre de judíos se enteró de que Jesús estaba allí. Y acudieron no sólo por ver a él sino por ver también a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
10Los jefes de los sacerdotes determinan matar a Lázaro. Los jefes de lo sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro,
11pues por causa de éste muchos judíos los abandonaban y pasaban al lado de Jesús.
12Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Al día siguiente el numeroso gentío que había venido a la fiesta se enteró de que Jesús llegaba a Jerusalén;
13y, haciéndose con ramos de palmera, salieron a recibirlo gritando: ¡Hosanna! ¡Bendito sea del Señor el que viene y el Rey de Israel!
14Halló Jesús un jumentillo y montó sobre él, como dijo la escritura:
15No tengas miedo, hija de Sión. Mira que viene tu rey, montado sobre un asnillo.
16De momento no comprendieron sus discípulos el significado de todo esto; porque cuando Jesús fue glorificado, se dieron cuenta de que la escritura anunciaba acerca de él todas estas cosas, y de que ellos mismos las habían cumplido con él.
17Cuantos habían estado presentes cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos, daban testimonio de él.
18Y la muchedumbre salió a su encuentro por este motivo, porque se habían enterado de la señal que había dado.
19Entretanto los fariseos se decían unos a otros: Ya veis que no adelantamos nada. Todo el mundo se va tras él.
20Gentiles que desean ver a Jesús. Había algunos gentiles entre los que habían venido en peregrinación para adorar a Dios durante la fiesta.
21Estos se presentaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le hicieron este ruego: Señor, quisiéramos ver a Jesús.
22Felipe fue a decírselo a Andrés; y a su vez Andrés con Felipe, lo comunicó a Jesús.
23Jesús anuncia su glorificación. Esta se realizará mediante su muerte. Y Jesús les dijo: Ya ha llegado la hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre.
24Os digo con toda verdad; el grano de trigo que cae a tierra, queda infecundo, si no muere; pero, si muere, produce mucho fruto.
25Quien ama su vida, la pierde; y quien odia en este mundo su vida, la guardará para la vida eterna.
26El que quiera servirme, que me siga; y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Al que me sirva cubrirá de honores mi Padre.
27Mi alma se encuentra ahora consternada. Y ¿qué diré? ¿Sálvame, Padre, de esta hora? ¡Pero si precisamente para esto he venido a esta hora!
28¡Padre, glorifica tu nombre! Y de improviso se dejaron oír del cielo estas palabras: Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo.
29La multitud que allí estaba, al oírlas, decía que había sido un trueno. Otros decían: Le ha hablado un ángel.
30Jesús les dijo: No por mí, sino por vosotros se ha dejado oír esta voz.
31Ahora viene la condenación de este mundo; ahora el Señor de este mundo va a ser arrojado fuera.
32Y yo, cuando sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a mí a todos los hombres.
33Esto decía para significar de qué muerte había de morir.
34La multitud le replicó: Nosotros sabemos por la ley que el Mesías vivirá eternamente. ¿Cómo dices tú que el Hijo del hombre va a ser levantado en alto? ¿Quién es ese hijo del hombre?
35La luz, les respondió Jesús, estará todavía por un poco de tiempo encendida entre vosotros. Caminad mientras tenéis luz para que las tinieblas no os sorprendan. El que camina en las tinieblas no conoce el camino por donde va.
36Mientras tenéis la luz, creed en la luz para ser hijos de la luz. Dichas estas cosas, se retiró de su presencia y desapareció.
37Reflexiones del evangelista sobre la incredulidad de los judíos. A pesar de haber dado Jesús tantas señales en presencia de ellos, no acababan de entregarse del todo a él.
38Así se cumplía la profecía del profeta Isaías que dice: Señor, ¿ya habrá quien dé fe a nuestro mensaje, y se convenza del poder de Dios?
39Por esto no podían creer, porque ya lo había dicho también Isaías:
40Ha cegado sus ojos, ha endurecido su corazón; para que no vean con sus ojos ni comprendan con su entendimiento. No sea que se arrepientan, y los tenga yo que salvar.
41Esto lo dijo Isaías, porque vio la gloria de Jesús, y de él habló.
42Con todo muchos, aun de los notables, creyeron plenamente en él; si bien por miedo a los fariseos no lo manifestaban en público, a fin de no ser expulsados de la sinagoga.
43Prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios.
44Resumen de las enseñanzas dadas anteriormente a los judíos. Y Jesús exclamó en alta voz: Quien cree en mí, no cree en mí sino en el Padre que me envió;
45y quien me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado.
46Yo he venido como luz del mundo, para que nadie que crea en mí quede en tinieblas.
47Al que escucha mis palabras, pero no las pone en práctica, no lo condenaré yo; porque no he venido para condenar al mundo, sino para salvar al mundo.
48El que a mí me rechaza y rechaza mis palabras, ya tiene quien lo condene. La palabra que yo he hablado lo condenará en el último día.
49Porque yo no he hablado por mi cuenta. El Padre, que me envió, dispuso lo que tengo que decir y enseñar.
50Yo sé que sus órdenes llevan a la vida eterna. Así pues, las cosas que yo hablo, las digo como me las ha comunicado el Padre.