Juan 10
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1El pastor legítimo y el ladrón de las ovejas. Os digo con toda verdad: El que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, es ladrón y salteador.
2Quien entra por la puerta es pastor de las ovejas.
3A éste deja paso libre el portero y las ovejas atienden a su voz; va llamando por su nombre a las ovejas que son suyas, y las saca fuera.
4Y cuando ha hecho salir a todas las suyas, va caminando delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5En cambio al extraño no siguen sino que huyen de él, porque desconocen la voz de los extraños.
6Esta comparación les puso Jesús, pero no entendieron lo que les quería decir.
7Jesús es la puerta por donde entran y salen las ovejas. Por eso les dijo Jesús por segunda vez: Os lo digo con toda verdad: Yo soy la puerta de las ovejas.
8todos los que han venido antes de mí, son ladrones y salteadores, pero las ovejas no los escucharon.
9Yo soy la puerta; el que por mí entrare, se salvará; disfrutará de libertad para entrar y salir, y encontrará pastos.
10El ladrón no viene sino para robar y matar y hacer estragos. Yo he venido para que tengan vida, y vida pujante.
11Jesús el buen pastor. Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.
12En cambio el pastor asalariado y el que no es pastor y dueño de las ovejas, en viendo acercarse al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y dispersa.
13Se trata de un asalariado, que no mira por las ovejas.
14Yo soy el buen pastor; yo conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocerán a mí.
15Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y doy mi vida por las ovejas.
16Tengo otras ovejas, que no son de este redil, y que me es necesario recoger; y oirán mi voz y se formará un solo rebaño con un solo pastor.
17Por eso mi Padre me ama, porque yo doy mi vida para volver la a tomar.
18No es que me la quite nadie; yo mismo la entrego de mi propia voluntad. Soy libre para darla y libre para volverla a tomar. Esta es la misión que he recibido de mi Padre.
19Pareceres contrarios sobre Jesús. Dividiéronse de nuevo las opiniones entre los judíos por estas palabras.
20Muchos decían: Está endemoniado, ha perdido el juicio. ¿Para qué le escucháis?
21Otros, en cambio, afirmaban: Estas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso el demonio devolver la vista a un ciego?
22Jesús se declara Hijo de Dios. Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación; era invierno.
23Estaba Jesús paseando en el templo, por el pórtico de Salomón,
24y le rodearon los judíos para preguntarle: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? Si efectivamente eres el Mesías, dínoslo claramente.
25Ya os lo dije, les respondió Jesús; pero no lo creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, hablan en mi favor.
26Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas.
27Las ovejas que son mías oyen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen.
28Yo les doy vida eterna; y nunca jamás perecerán ni nadie las arrebatará de mis manos.
29Mi Padre, que me las confió, está sobre todos, y nadie podrá arrebatarlas de las manos de mi Padre.
30Yo y el Padre somos una sola cosa.
31Otra vez los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
32Jesús les dijo: Muchas y buenas obras os he hecho ver de parte de mi Padre: ¿por cuál de ellas me queréis apedrear?
33No te queremos apedrear por ninguna obra buena, le contestaron los judíos, sino por blasfemo; porque, siendo hombre te haces Dios.
34Respondióles Jesús: ¿No están escritas en vuestra ley estas palabras: La escritura llama dioses a quienes Yo digo: dioses sois?
35Dios dirigió la palabra, y no se pueden rechazar las escrituras.
36Pues bien, ¿cómo me llamáis blasfemo por haber dicho: Yo soy Hijo de Dios, toda vez que el Padre me ha consagrado y enviado al mundo?
37Si no realizo las obras de mi Padre, no me creáis.
38Pero si las hago, si bien no queráis creerme a mí, creed a esas obras, para que conozcáis de una vez para siempre que el Padre está en mí y yo en el Padre.
39Otra vez intentaron prenderlo pero él se escapó de sus manos.
40Jesús en Perea. De nuevo se fue al otro lado del Jordán, al mismo lugar donde Juan había bautizado al principio, y se quedó allí.
41Muchos acudieron a él; y decían: Cierto que Juan no dio ninguna señal; pero todo lo que dijo de éste era verdad.
42Y allí muchos creyeron en él.