Hechos 9
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Conversión de Saulo. Saulo, que no respiraba aún sino amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó ante el sumo sacerdote;
2y le pidió cartas de recomendación, dirigidas a las comunidades de Damasco, con el objeto de traer presos a Jerusalén a cuantos discípulos de la nueva doctrina encontrase, fuesen hombres o mujeres.
3Ya se acercaba en su viaje a Damasco, cuando de repente se vio rodeado de un resplandor que venía del cielo.
4Cayó a tierra, y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
5Señor, ¿quién eres?, preguntó Saulo. Y la voz: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
6Levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que tienes que hacer.
7Los hombres que le acompañaban estaban mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie.
8Saulo se levantó del suelo. Tenía los ojos abiertos, pero no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo condujeron a Damasco;
9y así estuvo tres días ciego y sin comer ni beber nada.
10Había en Damasco un discípulo, llamado Ananías, a quien llamó el Señor en visión: ¡Ananías! Contestó él: Heme aquí, Señor.
11Y el Señor le dijo: Vete en seguida a la calle que se llama Recta, y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso que se llama Saulo. Sábete que está orando.
12Saulo vio en visión que un hombre, llamado Ananías, entraba para imponerle las manos y devolverle la vista.
13Ananías respondió: Señor, he oído contar a muchos los males que a tus fieles ha causado este hombre en Jerusalén
14y ahora está aquí con plenos poderes de parte de los jefes de los sacerdotes para prender a cuantos invocan tu nombre.
15Pero el Señor le dijo: Vete, porque éste es un instrumento que me he escogido yo para que lleve mi nombre a los gentiles, a los reyes y a los hijos de Israel.
16Yo mismo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre.
17Fuese Ananías y entró en la casa. Le impuso las manos y le dijo: Saulo, hermano; Jesús, el Señor, que se te apareció en el camino por donde venías, me envía para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.
18Al momento se le cayeron de los ojos unas como escamas y recobró la vista. Inmediatamente se hizo bautizar.
19Luego tomó alimento y recobró fuerzas. Una vez que hubo pasado algunos días con los discípulos de Damasco,
20Primera predicación de Saulo en Damasco. comenzó Saulo a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
21Y cuantos le oían, no salían de su asombro, diciendo: Pero, ¿no es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocaban este nombre? ¿Y no ha venido aquí para llevarlos detenidos al tribunal de los jefes de los sacerdotes?
22Pero Saulo cobraba cada vez más energía, y confundía a los judíos que vivían en Damasco haciéndoles ver con muchos argumentos que Jesús es el Mesías.
23Después que transcurrieron muchos días, resolvieron los judíos quitarle la vida.
24Pero sus planes llegaron a conocimiento de Saulo. Y como día y noche vigilaban las puertas de la ciudad con el objeto de darle muerte,
25tomáronlo sus discípulos una noche y lo bajaron por la muralla, descolgándolo en una espuerta.
26Presentación de Saulo a los apóstoles. Así llegó a Jerusalén. Allí quiso juntarse con los discípulos; pero todos recelaban de él, pues creían que no era en verdad un discípulo.
27Por fin Bernabé lo tomó consigo y lo llevó a presencia de los apóstoles. Con todo detalle les refirió cómo Saulo había visto en el camino al Señor; cómo éste le había hablado; y cómo con toda valentía había predicado en Damasco el nombre de Jesús.
28Quedóse, pues, en Jerusalén con ellos; predicaba con toda intrepidez en el nombre del Señor,
29y hablaba y disputaba con los helenistas, hasta que éstos resolvieron quitarle la vida.
30Enterados de ello los hermanos, lo llevaron a Cesarea; y de allí lo enviaron a Tarso.
31Pedro cura al paralítico Eneas en Lida. Mientras tanto la iglesia disfrutaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Cobraba mayor pujanza y vivía en el temor del Señor, aumentando en número, gracias al aliento que infundía el Espíritu Santo.
32Pedro, que recorría los diversos lugares, llegó una vez a los fieles que moraban en Lida.
33Allí encontró a un hombre, llamado Eneas, que era paralítico y llevaba oho años tendido en cama.
34Díjole Pedro: Eneas: Jesús, el Mesías, te devuelve la salud. Levántate y arregla tú mismo la cama. Y al instante se levantó.
35Viéronlo todos los habitantes de Lida y de Sarón, y se convirtieron al Señor.
36Pedro resucita a Tabita en Jope. Había en Jope una discípula, llamada Tabita —nombre que quiere decir Gacela—, que se dedicaba enteramente a las obras de piedad y a hacer limosnas.
37En aquellos días cayó enferma y murió. Lavaron su cuerpo y lo colocaron en la habitación superior de la casa.
38Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres con este recado: Ven aquí sin tardar.
39Y Pedro se puso al instante en camino y se fue con ellos. Apenas llegado allá, le hicieron subir a la habitación superior, donde acudieron todas las viudas llorando y mostrándole las túnicas y mantos que en vida les hiciera Tabita.
40Pedro hizo salir fuera a todos; púsose de rodillas e hizo oración; y, volviéndose hacia el cadáver, exclamó: Tabita, levántate. Abrió ella los ojos; y, viendo a Pedro, se incorporó.
41Diole él la mano y la ayudó a ponerse en pie. Y llamando a los fieles y a las viudas, se la devolvió con vida.
42Todo Jope se enteró del hecho, y muchos creyeron en el Señor.
43Pedro se quedó bastantes días en Jope en casa de un curtidor llamado Simón.