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Hechos 17

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Pablo en Tesalónica. Motín de los judíos. Pasando por Anfípolis y Apolonia, vinieron a Tesalónica, porque allí había una sinagoga de judíos.

2Según su costumbre, Pablo fue a verlos allí, y por tres semanas seguidas departió con ellos, tomando como punto de partida las escrituras.

3Les explicaba y probaba que el Mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos; y añadía: El Mesías es Jesús, el mismo que yo os anuncio.

4Llegaron a convencerse algunos judíos, lo mismo que una gran multitud de prosélitos griegos; y no pocas mujeres principales se unieron a Pablo y a Silas.

5Pero los judíos, instigados por la envidia, reunieron una chusma de gente vil; fueron en grupos alborotando la ciudad, y se presentaron ante la casa de Jasón con el propósito de llevar a Pablo y a Silas ante la asamblea del pueblo.

6Como no los hallaron allí, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados, gritando al mismo tiempo: Estos hombres, que están revolviendo el mundo entero, han venido también aquí; y

7Jasón los ha hospedado en su casa. Todos ellos conspiran contra los edictos del César; y dicen que hay otro rey, que es Jesús.

8Con estos clamores pusieron en conmoción a la ciudad y a los magistrados, que los estaban oyendo.

9Pero los magistrados, recibida fianza de Jasón y de los demás, los dejaron ir libres.

10Pablo en Berea. Persecución por parte de los judíos. Aquella misma noche los hermanos hicieron salir para Berea a Pablo y a Silas, quienes, apenas llegaron allá, se dirigieron a la sinagoga de los judíos.

11Eran éstos de carácter más noble que los de Tesalónica; como que acogieron con toda avidez el evangelio investigando un día tras otro en las escrituras para comprobar si efectivamente era verdad.

12Muchos de ellos abrazaron la fe, y también no pocos paganos, tanto hombres como mujeres de distinción.

13Pero en cuanto se enteraron los judíos de Tesalónica de que también en Berea había predicado Pablo la palabra de Dios, vinieron allí y alborotaron y pusieron en revuelo a la gente.

14Al punto, los hermanos hicieron salir a Pablo camino del mar, quedando allí Silas y Timoteo.

15Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y regresaron con el encargo de comunicar a Silas y a Timoteo que se le juntasen lo más pronto posible.

16Pablo en Atenas. Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se consumía su espíritu, viendo la ciudad llena de ídolos.

17Discutía en la sinagoga con los judíos y con los prosélitos; y todos los días en la plaza pública con cuantos le salían al paso.

18Algunos filósofos, epicúreos y estoicos, discutían con él; unos decían: ¿Qué es lo que querrá decir este charlatán? Otros pensaban: Parece que es un predicador de dioses extranjeros; porque les predicaba de Jesús y de la resurrección.

19Un día lo tomaron y llevaron al Areópago, diciéndole: ¿Podemos saber qué nueva doctrina es ésta que enseñas?

20Son cosas peregrinas las que nos dices. Queremos saber qué quiere decir todo eso.

21Todos los atenienses y los extranjeros que allí viven, no se ocupan de otra cosa que de decir y oír novedades.

22Discurso de Pablo en el Areópago. Puesto Pablo en pie en medio del Areópago, dijo: Atenienses, veo que sois en todo los hombres más religiosos.

23Al recorrer y contemplar vuestros monumentos religiosos, hasta he hallado un altar con la siguiente inscripción: Al dios desconocido. Pues bien, a ese que, sin conocer, veneráis, vengo yo a anunciaros.

24El Dios que hizo el mundo con todo lo que hay en él, ese Dios, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos levantados por los hombres;

25ni tampoco es servido por manos humanas, como si de algo necesitase. El da a todos la vida, el asiento y todas las cosas.

26El hizo que todo el linaje humano, proveniente de un solo hombre, poblase la faz de la tierra. El fijó a cada nación las épocas de su historia y los confines de su territorio;

27todo, con el fin de que busquen a Dios; y siquiera a tientas, lo hallen, que ciertamente no está lejos de nosotros;

28pues en él vivimos, nos movemos y existimos. Así lo han dicho también algunos de vuestros poetas: Porque somos también linaje de él.

29Si, pues, somos linaje de Dios, no debemos figurarnos que la divinidad es semejante al oro o a la plata o a la piedra, obras del arte y del ingenio humano.

30Dios ha dejado pasar estos tiempos de ignorancia como si no los viese. Pero ahora intima a todos los hombres, de dondequiera que sean, que se arrepientan;

31porque ha fijado un día para juzgar al mundo con toda justicia por medio de un hombre, a quien ha establecido para ese fin; y lo ha acreditado resucitándolo de entre los muertos.

32Efectos del discurso del Areópago. Cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se echaron a reír; otros dijeron: Ya volveremos a escucharte otra vez sobre lo mismo.

33Y salió Pablo de entre ellos.

34Algunos se adhirieron a la doctrina y abrazaron la fe. Entre éstos se encontraba Dionisio Areopagita, una mujer, llamada Dámaris, y algunos más.

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