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Sabiduría 17

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Tus juicios son grandiosos e inexplicables; por eso las almas que no aprenden se extraviaron.

2Pensaban los malvados que oprimían a la nación santa, mientras ellos permanecían prisioneros de las tinieblas, en el calabozo de una larga noche, recluidos bajo sus techos, excluidos de la eterna providencia.

3Creían pasar inadvertidos, con sus pecados encubiertos bajo el tupido velo del olvido, pero fueron dispersados, presa de un terrible miedo, sobresaltados por visiones.

4Porque ni el rincón que los escondía los salvaguardaba del miedo, retumbaban a su alrededor ruidos aterradores y se les aparecían tétricos fantasmas de lúgubres rostros.

5No había fuego bastante para iluminarlos, ni el resplandor brillante de los astros lograban iluminar aquella noche siniestra.

6Para ellos brillaba solamente una fogata espeluznante que ardía por sí sola, y era tal el miedo, que cuando la visión desaparecía de su vista, todavía les parecía más terrible.

7Los trucos de la magia habían fracasado y su alarde de ciencia sufría un descalabro vergonzoso,

8porque los que se comprometían a expulsar del alma enferma terrores y sobresaltos padecían ellos mismos un pánico ridículo.

9Aunque nada inquietante les metiera miedo, horrorizados por el paso de alimañas y el silbido de reptiles,

10sucumbían temblando, negándose a mirar el aire del que nadie puede escapar.

11Pues la maldad de por sí es cobarde y se condena a sí misma; acorralada por la conciencia se imagina siempre lo peor,

12porque el miedo no es otra cosa que la renuncia a los auxilios que da la reflexión;

13siendo menor la esperanza, más grave se le hace la causa de la tortura.

14Durante aquella noche insoportable, salida de los rincones del impotente Abismo, mientras dormían el mismo sueño,

15o los perseguían monstruosos espectros, o al darse por vencidos quedaban paralizados, porque los invadió un miedo repentino e inesperado.

16Así, todo el que allí caía, quienquiera que fuese, quedaba encarcelado, recluido en una prisión sin barrotes;

17fuese labrador o pastor u obrero que trabajara en lugares solitarios, sufría, sorprendido, el castigo inevitable;

18porque a todos amarraba la misma cadena de tinieblas. El silbido del viento, el canto melodioso de las aves en la espesura de las ramas, la cadencia del agua fluyendo impetuosa,

19el golpe seco de las rocas al precipitarse, la invisible carrera de los animales retozando, el rugido de las bestias más feroces, el eco retumbante en las cavernas de los montes los dejaba paralizados de terror.

20El mundo entero, iluminado por una luz radiante, se entregaba sin trabas a sus tareas;

21sobre ellos solos se cernía una noche agobiante, imagen de las tinieblas que los esperaba. Pero ellos eran para sí mismos más insoportables que las tinieblas.

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