Sabiduría 16
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Por eso recibieron el castigo merecido torturados por una plaga de pequeños animales.
2Frente a ese castigo, a tu pueblo lo favoreciste, y, para satisfacer su apetito, les proporcionaste codornices, manjar desusado;
3así, mientras los otros, aunque hambrientos, perdían el apetito natural, asqueados por los bichos que les habías enviado, éstos, después de pasar un poco de necesidad, se repartían un manjar desusado.
4Porque era justo que a aquellos opresores les sobreviniera una necesidad sin salida, y a éstos se les mostrara sólo cómo eran torturados sus enemigos.
5Así cuando les sobrevino la terrible furia de las fieras y morían mordidos por serpientes huidizas, tu ira no duró hasta el final;
6para que escarmentaran, se les asustó un poco, pero tenían un emblema de salud como recordatorio del mandato de tu ley;
7en efecto, el que se volvía hacia él sanaba no en virtud de lo que veía, sino gracias a ti, Salvador de todos.
8Así convenciste a nuestros enemigos de que eres tú quien libra de todo mal;
9a ellos los mataron a picaduras alacranes y moscas, sin que hubiera remedio para sus vidas, porque tenían merecido este castigo;
10a tus hijos, en cambio, ni los colmillos de culebras venenosas los pudieron, porque acudió a sanarlos tu misericordia.
11Las mordeduras les recordaban tus palabras –y enseguida sanaban– para que no cayeran en profundo olvido y se quedaran sin experimentar tu acción benéfica.
12Y no los sanó hierba ni ungüento alguno, sino tu palabra, Señor, que lo sana todo.
13Porque tú tienes poder sobre la vida y la muerte, llevas a las puertas del infierno y haces regresar;
14el hombre, en cambio, aunque con su maldad dé muerte, no hace volver el espíritu una vez que se fue, ni libera el alma ya recibida.
15Imposible escapar de tu mano;
16a los impíos que no querían conocerte los azotaste con tu brazo vigoroso: los perseguían lluvias desconocidas y pedriscos y tormentas implacables, y el fuego los devoró;
17y lo más sorprendente: en el agua, que todo lo apaga, ardía más el fuego, porque el universo combate a favor de los justos;
18unas veces se amansaba la llama, para no quemar a los animales enviados contra los impíos, para que, viéndolos, comprendieran que el juicio de Dios los perseguía;
19pero otras veces, aun en medio del agua, la llama ardía con más fuerza que el fuego, para destruir la cosecha de una tierra malvada.
20A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles, proporcionándole gratuitamente, desde el cielo, pan a punto, de mil sabores, a gusto de todos;
21este sustento tuyo demostraba a tus hijos tu dulzura, pues servía al deseo de quien lo tomaba y se convertía en lo que uno quería.
22Nieve y hielo aguantaban el fuego sin derretirse, para que se supiera que el fuego –ardiendo en medio de la granizada y centelleando bajo el aguacero–aniquilaba los frutos de los enemigos;
23pero él mismo, en otra ocasión, se olvidó de su propio poder, para que los justos se alimentaran.
24Porque la creación, sirviéndote a ti, su Creador, despliega su energía para castigar a los malvados y se calma para beneficiar a los que confían en ti. 25 Por eso también entonces, tomando diversas formas, estaba al servicio de tu generosidad, que da alimento a todos, de acuerdo con el deseo de los que te suplicaban, 26 para que aprendieran tus hijos queridos, Señor, que no alimenta al hombre la variedad de frutos, sino que es tu palabra quien mantiene a los que creen en ti. 27 Porque lo que el fuego no devoró, se derritió simplemente calentado por un fugaz rayo de sol, 28 para que se supiera que es preciso madrugar más que el sol para darte gracias, y rezar al clarear el alba; 29 ya que la esperanza de los ingratos se derretirá como escarcha invernal y se escurrirá como agua sin provecho.