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Jeremías 18

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Palabras que el Señor dirigió a Jeremías:

2–Baja al taller del alfarero y allí te comunicaré mi palabra.

3Bajé al taller del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno.

4A veces, trabajando el barro, le salía mal una vasija; entonces hacía otra vasija, como mejor le parecía.

5Y me dirigió la palabra el Señor:

6–Y yo, ¿no podré, israelitas, tratarlos como ese alfarero? Como está el barro en manos del alfarero, así están ustedes en mis manos, israelitas.

7Primero me refiero a un pueblo y a un rey y hablo de arrancar y arrasar;

8si ese pueblo al que me refiero se convierte de su maldad, yo me arrepentiré del mal que pensaba hacerles.

9Después me refiero a un pueblo y a un rey y hablo de edificar y plantar:

10si me desobedecen y hacen lo que yo repruebo, yo me arrepentiré de los beneficios que les había prometido.

11Y ahora habla a los judíos y a los vecinos de Jerusalén: Así dice el Señor: Yo, el alfarero, les preparo un castigo y medito un plan contra ustedes. Que se convierta cada cual de su mala conducta, corrijan su conducta y sus acciones.

12Responden: No queremos, seguiremos nuestros planes, cada uno seguirá la maldad de su corazón perverso.

13Por eso, así dice el Señor: Pregunten a los paganos quién oyó tal cosa: la capital de Israel ha cometido algo horripilante.

14¿Abandona la nieve del Líbano las rocas escarpadas? ¿Se corta el agua fresca que fluye caprichosa?

15Pero mi pueblo me olvida y sacrifica a dioses vacíos: tropiezan caminando por las viejas sendas y caminan por rutas y caminos sin aplanar,

16convirtiendo así su tierra en desolación y burla perpetua, los caminantes se espantan y sacuden la cabeza.

17Como viento del este los dispersaré ante el enemigo, les daré la espalda y no la cara el día de la derrota.

18Dijeron: Vamos a tramar un plan contra Jeremías, porque no nos faltará la instrucción de un sacerdote, el consejo de un sabio, el oráculo de un profeta; vamos a herirlo en la lengua, no hagamos caso de lo que dice.

19Hazme tú caso, Señor, escucha a mis rivales,

20¿es que se pagan bienes con males? Me han cavado una fosa. Recuerda que estuve ante ti intercediendo por ellos para apartar de ellos tu enojo.

21Ahora entrega sus hijos al hambre, ponlos a merced de la espada, queden sus mujeres viudas y sin hijos, mueran sus hombres asesinados y los jóvenes a filo de espada en el combate.

22Que se oigan gritos salir de sus casas, cuando de repente los asalten bandidos, pues cavaron una fosa para atraparme, escondieron trampas para mis pies.

23Señor, tú conoces su plan homicida contra mí: no perdones sus culpas, no borres de tu vista sus pecados; caigan derribados ante ti, ejecútalos en el momento de la ira.

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