Jeremías 17
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1El pecado de Judá está escrito con punzón de hierro, con punta de diamante está grabado en la tabla del corazón y en los salientes de los altares,
2para memoria de sus sucesores: son sus altares y postes sagrados, levantados junto a árboles frondosos, en colinas elevadas,
3en montículos del campo. Entregaré al saqueo tus riquezas y tesoros, porque pecaste en las alturas en todo tu territorio;
4tendrás que renunciar a la herencia que yo te di, te haré esclavo de tu enemigo en país desconocido, porque se ha encendido el fuego de mi ira y arderá perpetuamente.
5Así dice el Señor: ¡Maldito quien confía en un hombre y busca apoyo en la carne, apartando su corazón del Señor!
6Será matorral en la estepa que no llegará a ver la lluvia, habitará un desierto abrasado, tierra salobre e inhóspita.
7¡Bendito quien confía en el Señor y busca en él su apoyo!
8Será un árbol plantado junto al agua, arraigado junto a la corriente; cuando llegue el calor, no temerá, su follaje seguirá verde, en año de sequía no se asusta, no deja de dar fruto.
9Nada más falso y perverso que el corazón: ¿quién lo entenderá?
10Yo, el Señor, penetro el corazón, examino las entrañas, para pagar al hombre su conducta, lo que merecen sus obras.
11Perdiz que empolla huevos que no puso es quien adquiere riquezas injustas: a la mitad de la vida lo abandonan, y él termina hecho un necio.
12Trono glorioso, exaltado desde el principio es nuestro lugar santo:
13tú, Señor, eres la esperanza de Israel, los que te abandonan fracasan, los que se apartan serán escritos en el polvo, porque abandonaron al Señor, manantial de agua viva.
14Sáname, Señor y quedaré sano; sálvame, y quedaré a salvo; para ti es mi alabanza.
15Ellos me repiten: ¿Dónde está la Palabra del Señor? Que se cumpla.
16Pero yo no he insistido pidiéndote desgracias ni deseado calamidades para ellos; tú sabes lo que pronuncian mis labios, lo tienen delante.
17No me hagas temblar, tú eres mi refugio en la desgracia;
18fracasen mis perseguidores y no yo, sientan terror ellos y no yo, haz que les llegue el día funesto, quebrántalos con doble quebranto.
19Así me dijo el Señor: –Ve y colócate en la Puerta de Benjamín, por donde entran y salen los reyes de Judá, y en cada una de las puertas de Jerusalén,
20y diles: Reyes de Judá, judíos y vecinos de Jerusalén, que entran por estas puertas, escuchen la Palabra del Señor.
21Así dice el Señor: Cuídense muy bien de llevar cargas en sábado o de introducirlas por las puertas de Jerusalén.
22No saquen cargas de sus casas en sábado ni hagan trabajo alguno; santifiquen el sábado como mandé a sus padres.
23Ellos no me escucharon ni prestaron oído; se pusieron tercos, no me escucharon ni escarmentaron.
24Pero si ustedes me escuchan –oráculo del Señor–y no introducen cargas en sábado por las puertas de esta ciudad, sino que santifican el sábado no trabajando en él,
25entonces entrarán por las puertas de esta ciudad los reyes sucesores en el trono de David, montados en carros y caballos, acompañados de sus dignatarios, de judíos y vecinos de Jerusalén, y la ciudad estará habitada por siempre.
26Vendrán de los pueblos de Judá, de la región de Jerusalén, del territorio de Benjamín, de la Sefela, de la Sierra, del Negueb, y entrarán en el templo del Señor con holocaustos, sacrificios, ofrendas e incienso en acción de gracias.
27Pero si no me escuchan, si no santifican el sábado absteniéndose de introducir cargas en sábado por las puertas de Jerusalén, entonces prenderé fuego a sus puertas, fuego que destruirá los palacios de Jerusalén, sin apagarse.