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Job 30

Santa Biblia Martín Nieto

1Pero ahora hacen burla de mí los que son más jóvenes que yo, cuyos padres yo no me dignaba mezclar con los perros de mi ganado.

2Ni la fuerza de sus manos me hubiera servido. Habían perdido todo su vigor,

3extenuados por el hambre y la miseria. Tenían que buscar la hierba seca del desierto; su madre era la desolación.

4Recogían el armuelle junto al matorral, raíces de retama era su pan.

5De en medio del pueblo eran expulsados, ahuyentados a gritos como los ladrones;

6habitaban en los declives de los torrentes, en las cuevas y en las grietas de las peñas.

7Entre los matorrales rebuznaban, se acurrucaban bajo los espinos.

8¡Gente vil, gente innominada, expulsada de su tierra!

9¡Y ahora vengo yo a ser la copla de ésos, el blanco de sus chismes!

10Espantados, se mantienen a distancia; sin reparo a la cara me escupen.

11Su cuerda han aflojado y me oprimen, han roto todo freno ante mí.

12Se alza la canalla a mi derecha, persiguiendo mis pasos, preparan contra mí sus caminos siniestros.

13Mis senderos destrozan, mi ruina intentan y nada los detiene.

14Como por ancha brecha irrumpen, avanzan por entre los escombros.

15Los terrores me asaltan, como por un huracán queda barrido mi valor.

16Y ahora se derrama en mí mi alma, me han caído días de aflicción.

17De noche perfora el mal mis huesos, no descansan las llagas que me roen.

18Con violencia ha agarrado Dios mi manto, me ha aferrado como el cuello de mi túnica.

19Me ha tirado en el fango, soy como el polvo y la ceniza.

20Grito hacia ti y tú no me respondes, insisto y no me haces caso.

21Te has vuelto cruel para conmigo, con mano desplegada en mí te cebas.

22Me levantas a merced del viento, me desbaratas con la tempestad.

23¡Bien sé que a la muerte me conduces, al sitio de cita de todos los vivientes!

24Y, con todo, ¿he vuelto yo la mano contra el pobre cuando en su angustia clemencia suspiraba?

25¿No he llorado con el que sufre días duros? ¿No he sentido piedad por el mendigo?

26Esperaba el bien y vino el mal, aguardaba la luz y he aquí la oscuridad.

27Me hierven las entrañas sin descanso, ¡me han tocado días de aflicción!

28Ando sombrío, sin recibir consuelo; me alzo entre la turba sólo para gritar.

29Me he hecho hermano de chacales y compañero de avestruces.

30Mi piel ennegrecida se me salta, mis huesos queman por la fiebre.

31¡Mi arpa ha acompañado a los cantos de duelo, mi flauta a la voz de plañidores!

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